Tradición Iniciática – Punto de origen

 

“Ora, Lee, Lee, Lee, Relee, Trabaja y Encontrarás”
Frase del Mutus Liber


Comenzamos un nuevo proyecto donde iremos recorriendo las ramas del Árbol del Conocimiento, para descubrir el trasfondo iniciático, filosófico y espiritual de diversas culturas, así como las diferentes corrientes sapienciales de Oriente y Occidente.

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El objetivo de este proyecto es recorrer de forma ordenada el árbol y recomendar textos introductorios y de profundización teniendo en cuenta que los miles de libros que compartimos en Sancta Sanctorum pueden llevar a confusiones. Por eso, la idea es compartir los textos precisos y algunos complementarios para poder diferenciar el trigo de la paja.

Si quieres ver el Árbol del Conocimiento Occidental, haz click aquí. Más adelante ampliaremos el esquema introduciendo el Árbol del Conocimiento Oriental. Para acceder a la bibliografía debes estar suscripto, tanto como miembro colaborador o como socio de Upasika.

Los textos que acompañarán este recorrido son escritos a título personal por los colaboradores y no reflejan necesariamente el pensamiento de Sancta Sanctorum, por lo tanto no pretenden ser un dogma sino un punto de partida.

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Primera entrega

“Antes de que en el mundo hubiera jardín, vid o uva, nuestra Alma estaba embriagada de vino inmortal…” (Rumi)

Al hablar de un Árbol del Conocimiento Universal, es preciso determinar cuáles son las raíces de este árbol, es decir: ¿de dónde surge estas enseñanzas arcaicas que denominamos “esotéricas” y en ocasiones “iniciáticas”?

De acuerdo a la Tradición Esotérica, este conocimiento no tiene un origen humano sino supra-humano y primordial , es decir que -con los medios que contamos actualmente- no tenemos posibilidades de rastrear su punto de origen en el tiempo y en el espacio. Lo único que podemos hacer es conocer sus ramas y buscar sus conexiones, así como sus múltiples coincidencias. Si miramos con atención, encontraremos en estas corrientes tradicionales una cadena de oro, un sistema de transmisión de boca a oído y que siempre estará a resguardo de los curiosos, los llamados “profanos” (pro=adelante o fuera y fanum=templo, es decir aquellos que viven “hacia afuera” sin prestar atención al interior).

La fuente primera de todas las corrientes tradicionales suele situarse en la mítica Hiperbórea, en el polo norte, situada en el eje o “axis mundi”. Al referirse a esto, Helena P. Blavatsky habló de siete razas raíces denominando a las dos primeras la polar e hiperbórea, ambas sin manifestación física. Estas dos razas (o períodos) dieron paso a otras dos razas raíces donde sí se podría ubicar el comienzo mismo del conocimiento esotérico: la lemúrica y la atlante, ambas tradicionalmente situadas en dos continentes perdidos.

Aún los esoteristas anti-blavatskianos (como veremos más adelante) aunque critican la hipótesis de las siete razas coinciden en un origen no humano y primordial del conocimiento, que perfectamente puede compatibilizarse con las concepciones teosóficas del siglo XIX.

La Atlántida suele considerarse el referente más cercano a este conocimiento primordial y, más allá de su realidad histórica o no, esta civilización mítica (entendiendo por “mito” una verdad suprasensible o no evidente y no una mentira) es considerada generalmente una fuente primordial secundaria, la cuna del conocimiento iniciático tal como ha llegado hasta nuestros días.

La enseñanza tradicional de los 4 yugas o edades (que aparece tanto en Oriente como en Occidente) no es contraria a la revelación blavatskiana de las siete razas raíces y ambas pueden ser correspondidas de este modo:

Raza polar y raza hiperbórea – Edad de Oro – 25.920 años (1.728.000 años según cálculo exotérico)
Raza lemúrica – Edad de plata – 19.440 años (1.296.000 años según cálculo exotérico)
Raza atlante – Edad de bronce – 12.960 años (864.000 años según cálculo exotérico)
Raza actual (aria) y sexta raza – Edad de hierro 6.480 años (432.000 años según cálculo exotérico)
Séptima raza – Período crepuscular de transición entre la edad de hierro y la edad de oro (a veces llamado período “Z”)

Nótese que en el gráfico anterior se brindan dos cronologías: una exotérica (muy conocida en la India y difundida ampliamente por el orientalismo decimonónico) y otra esotérica, que sigue los lineamientos que brinda René Guénon en sus obras.

Guénon revela que debemos atender la duración simbólica de 4-3-2-1  para comprender la cronología de los yugas y en ambos casos, si aplicamos la reducción teosófica, el número oculto siempre es el 9, asociado a los ciclos. Hagamos la prueba: 25.920 años son 2+5+9+2+0=18, es decir 1+8=9, o bien 432.000 años son 4+3+2=9.

Las doctrinas indas señalan que el actual ciclo humano o “manvantara” corresponde al séptimo ciclo de un total de catorce ciclos humanos y que estos catorce ciclos son los que conforman un ciclo completo de un mundo (“kalpa”).

Dejemos por un momento a Guénon y volvamos a Blavatsky (y aunque ambos autores sean vistos como antagónicos nuestra misión es reunir lo disperso, superar toda oposición y hacer una síntesis).

A quienes aceptan la hipótesis blavatskiana de las razas-raíces como un dogma y no como un símbolo, les será muy difícil encontrar el sentido oculto de esta cronología oculta, la cual deja entrever un alejamiento paulatino de la fuente primordial y el posterior regreso a ella, vinculado todo esto a diferentes “niveles de conciencia”.

Lamentablemente, las obras de Blavatsky son díficiles de desentrañar y en ellas se mezcla (para despistar) lo mítico, lo legendario y lo histórico, por lo tanto si acudimos a ellas como fuente primaria muchas veces terminaremos dando círculos. Lo malo es que las obras de sus sucesores está llena de fantasía e inexactitudes, especialmente las de Charles Leadbeater y otros autores que -a falta de conocimientos fidedignos- se pusieron a confeccionar una literatura fantástica sobre los continentes perdidos ofreciéndola como verdadera. Un buen ejemplo de esto son las obras de Scott-Elliot, muy simpáticas y con una estructura muy cuidada, pero con un contenido que no dista mucho de las obras de ficción de H.G.Wells, Tolkien o Lovecraft.

En resumen: si deseamos estudiar a fondo esta fuente primordial, el punto de origen o raíz del Árbol del Conocimiento Universal, debemos descartar la mayoría de estas obras modernas y acudir a los relatos clásicos donde tendremos que leer “entre líneas” esos mitos que hablan de una Edad de Oro (Hesíodo, Ovidio, los Puranas, los relatos mitólogicos de diversas culturas, etc.).

Otra fuente interesante (y que también hay que leer con mucho discernimiento) son las obras de los autores tradicionalistas como René Guénon, Jean Phaure, Antonio Medrano y otros sobre la importancia de esta raíz como centro primario del cual surgen varios centros secundarios.

Por otro lado, vale recordar que el hitlerismo esotérico ha encontrado en Hiperbórea y en Thule un referente mítico y por esta razón podemos encontrar algunos textos de corte nacionalsocialista donde se alude a estas tierras nórdicas.

A la hora de estudiar el tema hemos seleccionado 11 libros traducidos al castellano, entre los que destacamos estos tres:

“El Mito Polar” de Joscelyn Godwin

“Tierra de Luz” de Christophe Levalois

“El hogar ártico en los Vedas” de Tilak

De todas formas, vale la pena conocer todo lo que se ha dicho sobre Hiperbórea, Lemuria y Atlántida, y por esta razón en las próximas semanas facilitaremos una extensa literatura sobre el tema.

Próximamente hablaremos de qué manera esta concepción esotérica de las razas o de las edades choca con las concepciones profanas, tanto el creacionismo como el evolucionismo y veremos como ambas tienen parte de la razón y que las doctrinas esotéricas son “la piedra de toque” para armonizar estas visiones que parecen irreconciliables. Por otro lado, también nos referiremos a la noción de “Tradición primordial”, con un centro primario y centros secundarios y de la transmisión iniciática de este conocimiento, en forma de “cadena de oro”.

Autor: Phileas del Montesexto


Continúa en: Centro primario y centros secundarios


Las anteriores reflexiones son realizadas a título personal y no reflejan necesariamente el pensamiento de todos los responsables de Sancta Sanctorum. Que estos artículos sean un punto de partida, no una conclusión definitiva. Si tienes otras ideas que quieras compartir con respeto, o bien sugerir otros textos de referencia, hazlo en los comentarios.


Contenidos bibliográficos de esta semana

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