Misterios órficos

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orfeo y euridice

¿Quién fue Orfeo? Más allá de la mitología griega que lo hace hijo de Apolo y la musa Calíope, la tradición esotérica considera que detrás del mito hay un personaje histórico que existió y que fue el introductor de los Misterios en Grecia.

Decidido a encontrar las enseñanzas que lo llevarían a encontrar la Verdad, Orfeo (“aquel que cura con la luz”) recorrió Samotracia, Fenicia, Asia Menor, Egipto e India en busca de los Maestros que pudieran enseñarle el camino espiritual. Finalmente fue iniciado en los Misterios de Isis y Osiris, y al volver a Grecia enseñó a unos pocos la doctrina secreta a través de mitos y alegorías. La Tradición lo muestra como un músico magistral, que tocando la lira apolínea hechiza e inspira a dioses y hombres.

El relato más conocido de Orfeo se refiere a la muerte de su esposa Eurídice. Acongojado por la muerte de su esposa, Orfeo decidió bajar al inframundo a buscarla. De camino al inframundo pasó por mil peripecias hasta llegar ante el propio Hades, que se encontraba junto a Perséfone. Ante ellos, Orfeo tocó su mágica lira y ablandó sus corazones, por lo cual permitieron que Eurídice pudiera volver a la superficie con una sola condición: que ninguno de los dos mirara hacia atrás en el trayecto a la tierra exterior y hasta que los rayos de sol bañasen a Eurídice.

En todo el trayecto, Orfeo fue tentado a girar su cabeza, pero logró llegar a la superficie. Cuando ya estaba fuera, volvió la cabeza para ver a su amada, pero como ella aún no había sido completamente bañada por el astro rey, desapareció ante sus ojos.

Simbólicamente, Eurídice representa el alma humana caída en la materia, mientras que Orfeo simboliza los esfuerzos de la conciencia por unirse a ella. Aunque en la versión tardía del mito Orfeo fracasa en su misión, “en las primeras versiones Orfeo tuvo éxito restituyendo a Eurídice a la vida. Sólo más tarde el episodio fue adornado por los poetas para que terminara trágicamente pues, en el último momento”. (10)

Según Eurípides, Orfeo “mostró los resplandores de los misterios inefables”, mientras que Demóstenes señala que él “mostró  las iniciaciones más sagradas”. Mircea Eliade sostiene que “sus relaciones con Dioniso y Apolo confirman su fama de «fundador de Misterios», pues se trata de los únicos dioses griegos cuyo culto incluía iniciaciones y «éxtasis»” (…) En su calidad de «fundador de iniciaciones», Orfeo atribuía importancia excepcional a la purificación”. (1)

Algunos consideran que Orfeo, “el primer adepto que la historia vislumbra tenuemente entre las nieblas de la era precristiana”, (2) no fue una sola persona sino un conjunto de sabios o un Colegio de iniciados. Blavatsky dice al respecto: “En cuanto a Enoch, Thoth o Hermes, Orfeo y Cadmo, son todos nombres genéricos, ramas y retoños de los Siete primordiales Sabios que enseñaron a la Humanidad todo lo que sabían, y cuyos primeros discípulos tomaron los nombres de sus Maestros”. (3)

De las cristalinas aguas de la fuente órfica bebieron varios sabios de la antigüedad, entre ellos Pitágoras y Platón que enseñaron el tránsito del Alma a través de diversas vidas. 

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Los Misterios órficos

huevo orfico

El huevo órfico

Poco se sabe de los Misterios de Orfeo, y la propia Helena Blavatsky advierte que: “Difícil resulta determinar con precisión los ritos del esoterismo órfico, pues los himnos originales se perdieron desde un principio, y ni Platón ni Aristóteles tuvieron por auténticas las copias existentes en su tiempo. Sin embargo, la tradición oral indica que Orfeo aprendió sus doctrinas en la India de boca de los magos, o sean las mismas que profesaban los iniciados de todos los países” (4).

Aunque Blavatsky señale la India como origen de los misterios órficos, la mayoría de los investigadores indica que la fuente original de estas enseñanzas era Egipto. A este respecto, Diodoro sostiene: “Y tratan de probar que todo lo que es objeto de admiración entre los griegos fue traído de Egipto. En efecto, Orfeo trajo la mayoría de las teletai, las celebraciones orgiásticas que acompañan su vagar y los mitos sobre el Hades. Pues la teleté de Osiris es la misma que la de Dioniso y la de Isis, parecidísima a la de Deméter, una vez cambiados sólo los nombres”.

Sin embargo, Alberto Bernabé revela que existía una “bien conocida “moda egipcia” de atribuir un origen egipcio, con razón o sin ella, a una serie de fenómenos culturales de los griegos” (5), razón por la cual el argumento blavatskiano no puede descartarse de plano. 

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Algunas de las características conocidas de estos misterios órficos eran las siguientes:

a) Vegetarianismo
b) Purificación
c) Ascesis
d) Instrucción religiosa
e) Enseñanza de la transmigración
f) Enseñanza de la inmortalidad del alma

Según las enseñanzas órficas, “el iniciado supuestamente está libre de esta rueda de nacimiento y muerte, y capacitado para proseguir a un destino más glorioso entre los dioses. Los iniciados órficos no eran enterrados con ollas de alimentos y enseres, como recordatorios, sino quemados y enterrados con hojas de oro, inscritas en griego. Estas llevaban oraciones e instrucciones de lo que se debía decir y hacer al despertar después de la muerte. Se debía evitar a toda costa beber del Lago de Leteo (el olvido), y en lugar de ello doblar a la derecha, hacia el Lago de Mnemosina (la memoria), y dirigirse a sus guardianes con estas hermosas palabras: “Soy el hijo de la Tierra y del estrellado Cielo. Esto también vosotros lo sabéis. Me hallo desecado por la sed y estoy pereciendo. Venid, dadme inmediatamente la fresca agua que mana del Lago de la Memoria”. O, al encontrarse con los que gobiernan el Hades, había que decir: “¡Vengo puro de entre los puros, Reina del Submundo, Eucles, Euboleus, y todos los otros dioses! Pues yo también reclamo ser de vuestra raza.” (6)

Existe una serie de obras poéticas datadas en diversas épocas de la antigüedad y que son conocidas como “Los Himnos de Orfeo” (una serie de cánticos e invocaciones) y “Las Argonáuticas órficas”, donde se reseña la historia de Jason y los argonautas.

Orfeo y la “Prisca Theologia”

orfeoPara el famoso filósofo renacentista Marsilio Ficino (traductor de las obras platónicas, de los himnos órficos y estudioso de la tradición hermética), Orfeo era un “prisci theologi” o “primitivo teólogo” pagano, al igual que Zoroastro, Pitágoras, Hermes y Platón.

Ficino dedicó su vida entera a recuperar la teología de los antiguos (prisca theologia) y demostrar su compatibilidad con el cristianismo. No obstante, algunos teólogos católicos vieron con desconfianza esta “teología pre-cristiana” y afirmaron que se trataba de una evidente maniobra del demonio para confundir a los fieles de la Iglesia. Es más: la Iglesia Católica afirmaba que Orfeo, al igual que Platón, Aristóteles y los otros sabios de la antigüedad esperarán en el Limbo hasta el final de los tiempos ya que no creyeron en Cristo (algo lógico, ya que Jesucristo no había nacido).

Según Ángela Voss: “Para Ficino, Orfeo era un venerable teólogo antiguo que aprendió los secretos de la inmortalidad del sabio egipcio Hermes Trismegisto y que los transmitió a Pitágoras, y así a Platón y a sus intérpretes neoplatónicos. Aún más importante, Orfeo desempeñaba un papel central en la transmisión de una sabiduría perenne que Ficino entendía estar plenamente desplegada en la revelación cristiana -una confirmación filosófica de la verdad religiosa necesaria para la salvación de la humanidad; y en efecto encontró en Orfeo un modelo para su propia aspiración a conducir a sus semejantes hacia un estado de ser más iluminado. El Orfeo de los Himnos, de la época órfica Argonáutica, era venerado por Ficino precisamente por dar voz a la divina verdad de la teología mediante una mitología poética – y por el canto de los himnos” (7).

Ficino y Pico della Mirándola afirmaban que en los himnos órficos se encontraban valiosos secretos esotéricos, ya que el autor de los mismos “entretejió los misterios de sus doctrinas con la textura de las fábulas, cubriéndolos con un velo poético”, a fin de que al no iniciado les parecerían “puras fruslerías y cuentos“. (8)

Autor: Phileas del Montesexto
www.phileasdelmontesexto.com

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Concordancia

“La religión de Orfeo es religiosa en el sentido de ser el culto de los verdaderos misterios de la vida, de potencias más que de dioses personales; es el culto de la vida misma en sus supremos misterios de éxtasis y amor. Son estos dioses reales, esta vida misma lo que los griegos, como la mayoría de los hombres, temían reconocer y enfrentar, temerosos incluso de adorarlos. Ahora y nuevamente un filósofo o un poeta, en el mismo espíritu de Orfeo, proclama estos verdaderos dioses, y pregunta asombrado por qué no se hacen sacrificios en sus templos”. (Jane Harrison)


Bibliografía anexa 

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Notas del texto

(1) Godwin, Joscelyn: “Anales del Colegio Invisible”
(2) Eliade, Mircea: “Historia de las Creencias”, vol. II
(3) Blavatsky, Helena: “La Doctrina Secreta”
(4) Blavatsky, Helena: “Isis sin velo”
(5) Bernabé, Alberto: “Orfeo y Eleusis”
(6) Godwin, Joscelyn: Op. cit.
(7) Voss, Angela: “Orfeo redivivo”
(8) Citado por Angela Voss: Op. cit.

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