Los Misterios

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“Los Misterios nos dieron la vida, el alimento; enseñaron a las sociedades sus costumbres y sus leyes, y enseñaron a las personas a vivir como tales.” (Marco Aurelio)

Como se dijo en un artículo anterior, durante el período atlante los Misterios Menores y los Misterios Mayores estaban unidos y los colegios sapienciales brindaban una formación integral que contemplaba los dos aspectos del Ser, tanto en lo referente al Alma en su contacto con la materia (Misterios Menores) como en su elevación hacia el Espíritu (Misterios Mayores).

Con la desaparición de la Atlántida, el conocimiento iniciático fue trasplantado a otras partes del globo donde las escuelas mistéricas atlantes renacieron, aunque esta “segunda caída” supuso un nuevo alejamiento de la Fuente, produciendo una separación de los Misterios Menores (heredado por las nuevas escuelas de misterios en Egipto, Mesoamérica, India, etc.) y los Misterios Mayores, que quedaron ligados a la Logia Blanca o Iglesia Interior. 

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Los Misterios post-atlantes

Los Misterios iniciáticos heredados de la Atlántida permitían que los iniciados alcanzaran la trascendencia a través de prácticas y rituales que transformaban a los “mustes” (aquellos que tienen los ojos cerrados) en “epoptas” (los que ven las cosas tal como son).

escuelas de misteriosLas principales Escuelas de Misterios fueron la de Mithra en Persia, la de Isis y Osiris en Egipto, la de Adonis en Siria, la de Eleusis y la de Dionisos en Grecia, la de los Cabires en Tracia, pero tampoco podemos obviar los misterios druídicos, los de Quetzalcoatl en América, los escandinavos y hasta los misterios de los esenios y de los cristianos primitivos.

Muchos de los principales pensadores de la antigüedad (Pitágoras, Platón, Moisés, Jámblico, etc) fueron iniciados en estas escuelas mistéricas, y tuvieron que viajar miles de kilómetros para ser admitidos como discípulos. En el diálogo “Fedro”, Sócrates revela (a través de Platón) que “los fundadores de los Misterios o secretas asambleas de iniciados eran hombres de genio, quienes, en las primeras edades del mundo, enseñaban bajo enigmas difíciles de comprender, cuán necesario era purificarse antes de descender a las regiones desconocidas para no ser precipitados en el abismo, porque sólo a los exentos de las impurezas del mundo, les era permitido gozar de la presencia de la Divinidad”.

Unidad de propósito en las Escuelas de Misterios

Dice André Cassard que “la Iniciación fue una escuela en la cual se enseñaban las verdades de la religión primitiva, la existencia y los atributos de un solo Dios, la inmortalidad del alma, los castigos y recompensas de una vida futura, los fenómenos de la naturaleza, las artes, las ciencias, la moral, la legislación, la filosofía, la beneficencia, lo que hoy llamamos psicología y metafísica, el magnetismo animal y otras muchas ciencias sólo conocidas de los iniciados” (1).

Y según relata Fermín Vale Amesti: “En todos estos misterios se encuentra una singular unidad de propósito y una pureza de Doctrina que evidencian su común origen. Sus ceremonias de Iniciación, invariablemente celebran la muerte y resurrección de un ser o héroe muy especial. El iniciado va de Telete en Telete (ritual secreto) alcanzando su perfeccionamiento, porque el objeto de los Misterios es la perfección del hombre, pero del hombre considerado “teléstico”, es decir, iniciable, perfectible, y tal perfección es preparada y realizada en la vida actual, aquí y ahora, aprendiendo a “morir” la muerte simbólica por la cual el hombre se libra de sus defectos e imperfecciones, y aprende a remontar hacia la Luz”. (2)

Pero, ¿cuáles eran las similitudes y cuál era la unidad de propósito de los Misterios? En primer lugar debemos recordar que el origen de estas Escuelas no fue Egipto, como muchos suponen sino el continente atlante, es decir que los egipcios simplemente heredaron un conocimiento más antiguo. Helena Blavatsky revela que “los arios habían traído de la Atlántida los misterios de la Iniciación [y estos] son anteriores a toda civilización, y por haber elevado la mente y la moral de los pueblos, sirvieron de base a todas las leyes: civiles, políticas y religiosas”. (3)

misterios pitagoricos

Repasemos algunas características comunes de las Escuelas de Misterios:

1) El Sigilo

Los iniciados debían guardar absoluto secreto sobre las prácticas y enseñanzas de la Escuela, lo cual muchas veces dificulta un estudio profundo de algunos de estos Misterios.

¿Por qué era necesario el secreto? El propio Cristo recomendó “no echar perlas a los cerdos”, mientras que Franz Hartmann explica: “No ocasiona nuestro secreto la repugnancia de dar, sino la ineptitud para recibir de parte de quienes piden la instrucción”.

Siendo así, las Escuelas de Misterios elegían muy bien a sus discípulos, entre aquellos que eran merecedores de la instrucción y que tuvieran un comportamiento ético intachable.

Edouard Schuré cree que “es preciso medir la verdad según las inteligencias: velarla a los débiles, a los que volvería locos, ocultarla a los malvados que sólo pueden percibir fragmentos que emplearían como armas de destrucción”. (4)

El secreto, que en sus inicios fue para proteger las enseñanzas, más tarde tuvo que mantenerse para ocultar los Misterios de la persecución cristiana, que asesinó a centenares de discípulos iniciados mientras que honró a los criminales como Cirilo, que fue canonizado aunque fue el principal responsable de la muerte de Hipatia de Alejandría.

El sigilo va unido a un juramento dónde el candidato prometía no revelar los secretos que se le confiarían. Este juramento solemne aún se conserva en algunas escuelas de la actualidad, como la Masonería, donde la versión inglesa de 1717 hacía jurar a los neófitos “so pena de que me cercenen la garganta, me arranquen la lengua, y ser enterrado en la arena del mar, con el fin de que el flujo y reflujo de las olas, me conduzcan al olvido eterno”.

eleusis2) La Jerarquía de los Misterios

Otra característica general de los Misterios es la existencia de una Jerarquía (“Hieros”, Sagrado y “Archía”, Tipo de gobierno), donde existen diferentes grados, niveles, muchas veces representados como peldaños de una escalera. En todas estas Escuelas (tanto las antiguas como sus sucesoras más modernas) el sistema de grados y jerarquías debe observarse siempre desde una perspectiva simbólica, como una forma de representar los diversos estados de conciencia que debemos atravesar en nuestro recorrido de la oscuridad a la luz.

La mala comprensión de este concepto ha sido el causante de la decadencia de muchas organizaciones de corte iniciático donde el sistema de grados ha servido más que nada para alimentar los egos y las ambiciones de algunos neófitos que no llegaron a comprender nunca el verdadero significado de esta gradualidad.

3) Vida después de la muerte

Mario Giordani afirma que “en la época clásica los Misterios habrían sido una influencia espiritual fuerte en el sentido de mantener la creencia del alma y en las recompensas y penas existentes en la otra vida”. (5)

El propio Sócrates decía que “era una dicha el ser admitido en los Misterios, porque al morir se tenía por cierta la inmortalidad”. Todos los escritores de la antigüedad que se refieren a este punto concuerdan que en las diversas Escuelas mistéricas se enseñaba lo mismo: la supervivencia más allá de la muerte, dando esperanzas de renacimiento y de trascendencia. Arístides nos confirma que “los Misterios no sólo proporcionaban a los iniciados consuelos en esta vida, sino también la ventaja inapreciable de pasar al morir a un estado perfecto de felicidad”.

De este modo, la muerte era tomada como algo natural y pasajero, una transición y no una aniquilación, es decir que el difunto pasaría a otro estado para volver a la vida en otra existencia (en algunas Escuelas la enseñanza de la reencarnación era explícita y en otras implícita).

4) El éxtasis

Desde una perspectiva experiencial, en todas las Escuelas de Misterios se fomentaba el éxtasis como un medio válido para conocer en profundidad los misterios del Universo, donde el discípulo entraba en un estado de suprema plenitud, de iluminación mística.

5) Muerte y renacimiento

En la ritualística de las Escuelas de Misterios siempre existía un momento de muerte en un sarcófago, una caverna o una habitación cerrada a modo de cámara de reflexión donde el candidato debía morir, dejar atrás su vieja identidad para “volver a nacer”. Por esta razón, los iniciados eran considerados como “recién nacidos” o “renacidos en la eternidad” (“renatus in aeternum”), y en ocasiones se les trataba como tales, exactamente como señala James Frazer en referencia a los Misterios de Atis: “Durante algún tiempo después de su renacimiento, [al nuevo iniciado] se le mantenía a dieta de leche como a un recién nacido” (6). 

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Confusiones acerca de la Iniciación

Uno de los grandes aportes de las Escuelas de Misterios es el concepto de “Iniciación”, como una forma de representar un proceso interior y un estado de conciencia que no podía ni puede ser expresado con palabras.

No obstante, el símbolo comenzó a ser confundido con el significado y con el paso del tiempo (sobre todo con la decadencia de las Escuelas de Misterios provocada por la persecución de los cristianos) la iniciación ritual comenzó a ser considerada como un fin en sí mismo.

La confusión de una ceremonia alegórica con una auténtica iniciación espiritual e interna nos recuerda a la confusión de los mercantilistas españoles que creían que el oro y la plata determinaban la riqueza de las naciones, mientras que en realidad son simplemente símbolos de esta. Este error conceptual llevó a España decimonónica a la decadencia.

El mejor libro escrito sobre este tema es “El ideal iniciático” de Oswald Wirth que (aunque está dirigido fundamentalmente a los masones) nos brinda las claves para comprender el significado profundo de la Iniciación.

Dice Wirth: “Existe la posibilidad de que uno quede para siempre profano en lo que interno se refiere aunque haya sido iniciado regularmente en una logia. Una delgada capa de barniz iniciático puede llevar al error a las mentes superficiales, pero no puede en modo alguno engañar al verdadero iniciado. No consiste la Iniciación en un espectáculo dramático ni aparatoso, sino que su acción profunda transmuta íntegramente al individuo. De no verificarse en nosotros la Magna Obra de los Hermetistas, seguimos siendo profanos y nunca podrá el plomo de nuestra naturaleza transformarse en oro luminoso.

Pero, ¿quién es lo bastante crédulo para imaginarse que tal milagro, pueda tener lugar por la virtud de un apropiado ceremonial? Los ritos de la iniciación son tan sólo símbolos que traducen en objetos visibles ciertas manifestaciones internas de nuestra voluntad, con el fin de ayudarnos a transformar nuestra personalidad moral. Si todo se reduce a lo externo, la operación no dará resultado: el plomo seguirá siendo plomo, aunque esté enchapado en oro. (…) El Iniciado verdadero, puro y auténtico, no puede conformarse con un tinte superficial: debe trabajarse él mismo, en la profundidad de su ser, hasta matar en él lo profano y hacer que nazca un hombre nuevo” (7).

Fermín Vale Amesti, por su parte, concuerda con esta idea y agrega que: “La Iniciación ritualística-simbólica es en realidad una Iniciación virtual, porque la Iniciación Real es un Proceso Espiritual, y únicamente mediante el Trabajo Activo, tradicionalmente ejecutado y vivido en sí mismo, esa “virtualidad” podrá convertirse en actualidad más o menos efectiva. El discípulo de una Escuela Iniciática debe saber que no son las ceremonias en sí, las que tienen el poder de Iniciar.

Ellas ejercen su “acción” sobre el “iniciable”, quien es el que vive “la atracción del Misterio”. Lo que él ha “visto y oído” hará trabajar su espíritu. Ayudado por los Iniciados que le han precedido, él captará, adivinará o intuirá el sentido de los símbolos y la impulsión de los Ritos, iniciándose él mismo progresivamente” (8).

Este es el punto de partida para adentrarnos en próximos artículos en los Misterios pitagóricos, así como en los de Orfeo, Eleusis y Mitra.

Autor: Phileas del Montesexto
https://phileasdelmontesexto.com

escuela de misterios


Bibliografía 

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Besant, Annie – Los misterios

Durville, Henri – Los misterios iniciáticos

Loisy, Alfred – Los misterios paganos y el misterio cristiano

Vale Amesti, Fermín – Las Escuelas de Misterios

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Notas del texto

(1) Cassard, André: “Manual de Masonería”
(2) Vale Amesti, Fermín: “El Retorno de Henoch”
(3) Blavatsky, Helena: “La Doctrina Secreta”
(4) Schuré, Edouard: “Los Grandes Iniciados”
(5) Giordani, Mário: “História da Grécia”
(6) Frazer, James: “La rama dorada”
(7) Wirth, Oswald: “El ideal iniciático”
(8) Vale Amesti, Fermín: Op. Cit.

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