Los Hijos de Hermes

Artículo anterior: El Kybalión y el Neo-Hermetismo


alquimistasConsiderado como padre de la magia e inventor de la Alquimia, Hermes Trimegisto fue adoptado por los alquimistas como su patrono y su “Tabla Esmeralda” –una síntesis perfecta de la Filosofía Hermética– se convirtió en su santa escri­tura.

Comprendida desde una perspectiva trascendente, la Gran Obra de los alquimistas puede considerarse un proceso (a veces visto como un “viaje”) que lleva a los metales bajos -especialmente el plomo- a convertirse en oro, donde Hermes oficia de intermediario “entre lo bajo, vil y desechado –lo oscuro, la materia– y el espíritu olímpico y celeste, (…) posibilitando la trans­formación de lo físico en lo espiritual”. (1)

La ciencia profana considera a la Alquimia como la madre tonta de la Química, del mismo modo que la Astrología sería la versión imperfecta de la Astronomía.

No obstante, y aunque los alquimistas trabajaban directamente con metales, siendo los precursores de varios adelantos químicos, éstos advertían una y otra vez que su oro no era el oro vulgar (“Aurum nostrum non est aurum vulgi”), haciendo notar que su trabajo tenía varias capas de profundidad.

*** Para ver el contenido completo, debes suscribirte como colaborador en este enlace. ***

Los propios alquimistas tenían un nombre para aquellas personas que solamente se afanaban en la búsqueda del oro vulgar y no podían penetrar más allá de la superficie: les llamaban “sopladores” o “quemadores de carbón”.

Sobre esto, Mircea Eliade dice: “La Alquimia no fue en su origen una ciencia empírica, una química embrionaria; no llegó a serlo hasta más tarde, cuando su propio universo mental perdió, para la mayor parte de los experimentadores, su validez y su razón de ser” (2).

la gran obraLas obras de Alquimia están repletas de enigmas, callejones sin salida e incluso pistas falsas, a fin de proteger el secreto de la Gran Obra y asegurarse que los que llegaban a comprenderlo eran dignos y persistentes.

Sobre esto, Jean D’Espagnet comentaba: “Téngase cuidado, pues, con la significación diversa de las palabras, porque los Filósofos tienen costumbre de explicar sus misterios con rodeos engañosos, bajo términos dudosos y con frecuencia contradictorios en apariencia, a fin de proteger con obstáculos y velos el estudio de estas verdades, pero no para falsificarlas ni para destruirlas. Ésta es la razón por la que sus escritos están llenos de términos ambiguos de sentido equívoco” (3).

Los alquimistas advertían: “¡Pobre estúpido! ¿Eres tan ingenuo para creer que enseñaríamos clara y abiertamente el mayor y más importante misterio? Te aseguro que aquél que intenta entender en el sentido literal normal lo que la filosofía hermética ha escrito se topará con los meandros de un laberinto del que nunca saldrá, pues le falta el hilo de Ariadna que podría guiarle a la salida” (4)

Otro escollo que existe a la hora de acercarse a la lectura y el desciframiento de los textos alquímicos es que cada autor utilizaba su propia símbología -de acuerdo a su grado de comprensión- para expresar las mismas operaciones. La inexistencia de una plena concordancia en los símbolos y metáforas utilizadas en la literatura alquímica se debe a que no existió nunca un “colegio” de alquimistas. Tampoco existió una transmisión de boca a oído, porque la mayor parte de los filósofos herméticos era autodidacta y sus conocimientos tenía como origen la lectura reflexiva de textos anteriores (5), además de una vocación de “aprender haciendo”, donde se pasaba rápidamente de lo especulativo a lo operativo.

Origen de la Alquimia

Aunque el origen de la Alquimia se pierde en la noche de los tiempos, debemos admitir que fue en la ciudad de Alejandría donde ésta tomó la forma en que hoy la conocemos en Occidente. De todos modos, el trabajo alquímico no es exclusivo del Mediterráneo sino que también podemos encontrar valiosos tratados similares en Mesopotamia, China e India.

La Alquimia no puede ser entendida en profundidad desde una óptica profana porque en nuestros días el Universo es una especia de mecanismo de relojería donde operan leyes ciegas mientras que para los alquimistas -y para todos los pensadores tradicionales- el Universo está vivo, animado, lleno de Alma.

Para un científico moderno, los minerales carecen de vida. Para las culturas tradicionales, no, y tenían un proceso lento de gestación en el seno de la tierra. Eliade comenta lo siguiente: “Si las fuentes, las galerías de las minas y las cavernas son asimiladas a la vagina de la Madre Tierra, todo cuanto yace en su «vientre» está aún vivo, bien que en estado de gestación. O dicho de otro modo: los minerales extraídos de las minas son, en cierto modo, embriones: crecen lentamente, con un ritmo temporal distinto al de los animales y vegetales, pero crecen, «maduran» en las tinieblas telúricas. Su extracción del seno de la tierra es, por tanto, una operación practicada antes de término. Si se les dejase tiempo para desarrollarse (al ritmo geológico), los minerales se harían perfectos, serían metales «maduros»” (6).

¿Qué significa esto? Que los alquimistas, con su trabajo, buscaban ayudar a la Naturaleza a cumplir su propósito. En otras palabras, se afanaban por acelerar procesos, teniendo en cuenta que “el plomo y los otros metales se habrían hecho oro si se les hubiera dado tiempo para ello” (7).

tres principios alquimicos

“Todo está compuesto de materias sulfurosas y mercuriales”, afirmaba un alquimista griego, y este punto es importante porque -de acuerdo a los alquimistas- en todos los metales existe una combinación de azufre y mercurio, aunque solamente en la plata y el oro esta com­binación es justa y perfecta. Por lo tanto, existe un polo negativo de perfección (plata-mercurio-luna) y un polo positivo de perfección (oro-azufre-sol), al mismo tiempo que en los restantes metales la combinación no es lo suficientemente equilibrada. En este sentido, decía Ro­ger Bacon: “Yo sostengo que la Naturaleza tiene por objetivo y se esfuerza sin cesar por alcanzar la perfección, el oro. Pero a conse­cuencia de accidentes, que entraban su marcha, nacen las variedades metálicas” (8).

Por otro lado, y teniendo en cuenta el axioma hermético “así como es arriba es abajo”, los alquimistas veían una correspondencia entre los siete planetas del Cielo con los siete metales de la Tierra. El oro “crecía” bajo la influencia del sol, la plata bajo la luna, y todos los metales terrestres tenían su correspondiente celeste:

Oro – Sol
Plata – Luna
Plomo – Saturno
Cobre – Venus
Hierro – Marte
Estaño – Júpiter
Mercurio – Mercurio 

*** Para ver el contenido completo, debes suscribirte como colaborador en este enlace. ***

astros y alquimiaEntonces: así como hay siete astros arriba, hay siete metales abajo, pero esto no terminaba ahí, ya que los alquimistas sabían que “así como es afuera es adentro” y al observarse a sí mismos, descubrían que estos siete principios también estaban presentes en su interior.

Siendo así, todo el trabajo externo tenía una contrapartida en el interior de cada uno de los alquimistas y este era el magno secreto de la Alquimia.

Por esto, en los viejos manuscritos alquímicos podemos leer: “La Obra está con vosotros y en vosotros, de modo que si la encontráis en vosotros mismos, donde está continuamente, también la tendréis siempre y en cualquier parte en que os encontréis, sea en la tierra o en el mar”. (9)

Autor: Phileas del Montesexto
www.phileasdelmontesexto.com

alquimista en su laboratorio


Bibliografía

*** Para ver el contenido completo, debes suscribirte como colaborador en este enlace. ***


Notas del texto

(1) Ortiz-Osés, Andrés: Visiones del mundo: interpretaciones del sentido. Bilbao, Universidad de Deusto, 1995.
(2) Eliade, Mircea: “Herreros y alquimistas”
(3) D’Espagnet, Jean: “La Obra Secreta de la Filosofía de Hermes”
(4) Artefio: “Libro de Artefio”
(5) De ahí la frase: “Ora, Lege, Lege, Lege, Relege, Labora et Invenies” (Ora, Lee, Lee, Lee, Relee, Trabaja y Encontrarás)
(6) Eliade: op. cit.
(7) Eliade, op. cit.
(8) Bacon, Roger: “Espejo de Alquimia”
(9) Anónimo: “Tratado Áureo de Hermes”

Powered by WordPress. Designed by WooThemes