La Rosacruz de los Manifiestos

Artículo anterior: Los proto-rosacruces


Como se dijo en el artículo anterior, los rosacruces se presentaron súbitamente en la sociedad europea de comienzos del siglo XVII a través de tres manifiestos: la “Fama Fraternitatis” (1614), la “Confessio Fraternitatis” (1615) y las “Bodas químicas de Christian Rosenkreutz” (1616).

El primer manifiesto

famaLa “Fama Fraternitatis” es una obra brevísima y puede entenderse como la presentación de la Hermandad de los Rosacruces a los hombres de ciencia, políticos y religiosos en un momento crítico de la historia europea. Según se dice desde el principio el documento debe leerse con “intención cristiana” que es una forma velada de hablar de esa “otra mirada”, es decir de una lectura entre líneas que solamente puede lograrse activando el “ojo del corazón” que más tarde el rosacruz Eckartshausen llamaría “sensorium interior”.

El texto tenía un propósito claro: hacer un análisis crítico de la situación sociopolítica europea y presentar una alternativa, un cambio de rumbo que solamente sería posible a través de una espiritualidad profunda. En este sentido, los dos primeros manifiestos buscaban reclutar a hombres y mujeres de buena voluntad que quisieran formar una “aristocracia cordial”, una nobleza del corazón formada por “referentes culturales”, es decir personas notables que pudieran influir en el rumbo político, científico y espiritual de la humanidad.

La Fama habla de una re-forma (volver a darle forma), que es una forma de rectificar el rumbo de un mundo donde podemos encontrar las raíces de la mayor parte de los males y desviaciones que nos aquejan hoy en día.

Los Rosacruces decían inspirarse en un personaje enigmático llamado Christian Rosenkreutz (C.R.C.) que era un símbolo, la personificación del egrégor primordial de la Orden, un modelo espiritual y la conexión vivencial con Jesucristo.

Rosenkreutz era un noble viajero y en las páginas del manifiesto se describen sus aventuras y su intento por llegar a Jerusalén, nombre que significa “fundamento o posesión de la paz”, o sea que alcanzar Jerusalén es obtener la “Paz Profunda”, una expresión tradicional que los rosacruces han usado siempre para referirse a estados de conciencia superiores.

Finalmente, C.R.C. termina renunciando a Jerusalén y prefiere quedarse en la ciudad de Damcar, donde fue recibido por unos sabios que “no lo acogieron como a un extranjero sino como a alguien cuya llegada esperaban desde hacía mucho tiempo. Le llamaron por su nombre y ante su sorpresa, constantemente renovada, le mostraron que conocían numerosos secretos del convento donde había estado. En contacto con ellos se perfeccionó en lengua árabe hasta el punto que pudo traducir en buen latín al cabo de un año el libro M, que posteriormente conservó”. (1)

Este extraño libro “M” del que habla la “Fama” contendría la doctrina secreta de los rosacruces y sería el fundamento de la Hermandad Rosacruz que fundaría -años más tarde- en tierras alemanas, con el auxilio de tres compañeros del camino asumiendo “un compromiso supremo de fidelidad, diligencia y silencio” (2), y en estas tres palabras podemos encontrar los tres principios fundamentales del rosacrucismo: Fidelidad a la Obra, Diligencia para actuar y Silencio interior.

Esta fraternidad primigenia se estableció en un lugar especial llamado “Casa del Espíritu Santo”, donde atendía a los enfermos, aunque éstos no eran enfermos “del cuerpo” sino “del alma” pues estaban aquejados de la enfermedad más severa de todas: la ignorancia.

En este punto de inicio, se establecieron seis artículos que constituían su forma de reconocimiento y señal de unión:

“1) Prohibición de ejercer profesión alguna excepto la curación de enfermos a título benévolo. [Nota: recordemos que se refieren a enfermedades del alma.]
2) Prohibición de obligar a llevar hábitos especiales reservados a la Hermandad: por el contrario, deberían adaptarse a las costumbres locales.
3) Obligación para cada Hermano de presentarse el día C.en la Morada del Espíritu Santo, o de explicar los motivos de su ausencia.
4) Obligación para cada Hermano de buscar una persona de valía que pudiera sucederle en caso necesario.
5) Las letras R.C. deberían servirles de sello, sigla y emblema.
6) Durante un siglo la Hermandad tenía que permanecer secreta” (3).

La Fama Fraternitatis culmina con la descripción del sepulcro del padre de los rosacruces, Christian Rosenkreutz y este punto es importante dado que la búsqueda de la tumba del fundador ha sido uno de los motivos simbólicos recurrentes del rosacrucismo. En cierto modo, cada uno de nosotros es Christian Rosenkreutz y el hallazgo de la tumba perdida significa el encuentro con nuestro verdadero ser.

El segundo manifiesto

confessioEn 1615 apareció, con el mismo estilo que el manifiesto anterior, la “Confessio Fraternitatis” y donde se buscaba “colmar las lagunas” del escrito anterior “formulando en términos mejores los pasajes demasiado insondables y oscuros de la Fama”. (4)

En este segundo llamado se habla de la necesidad de impulsar la gestación de una “nueva ciencia” que no dejara de lado la espiritualidad pero que no estuviera tutelada por la Iglesia Católica Romana. Para lograr esto, los rosacruces hablan de la importancia del “Libro de la Naturaleza”, una antigua metáfora que refiere al universo manifestado como si fuera un libro escrito en código y que solamente puede leerse si este código puede ser descifrado.

La Confessio retoma y desarrolla la idea de constituir una élite que pudiera transformar el mundo, una verdadera conspiración de los notables, y que Guénon describió siglos más tarde como una comunidad de sabios “compuesta por hombres liberados del letargo en el que está sumida la generalidad de los habitantes del planeta, que pudiese contribuir a generar un “punto de detención” en la caída o alejamiento de la civilización moderna de sus Principios, de manera semejante a lo acaecido en otros momentos del Kali Yuga. (…) Se trata, simplemente, de hombres libres que puedan recobrar la conciencia de quienes son, de su vínculo indisoluble con los Principios, de su naturaleza íntimamente ligada al Ser Universal y Único de quien forman parte. Esta anamnesis por parte de individualidades que trabajan a cubierto en su taller, su templo o su laboratorio, por pocas que éstas sean, es la que efectiviza la posibilidad de una detención en la caída. Es el gesto de quienes han visitado el interior de la tierra y han rectificado lo que podrá conducir a la piedra oculta, a la verdadera medicina; es ese gesto el que podrá detener la caída, el que podrá congelar el agua de la cascada”. (5)

Estos dos manifiestos constituyen la descripción clara del rosacrucismo de principios del siglo XVII, con evidentes vínculos con el protestantismo y con una crítica mordaz a la Iglesia Romana (el propio Andreae era protestante) y donde se asegura que los problemas mundanos podrían ser resueltos a través de una revolución espiritual, de una conspiración silenciosa de los mejores.

El tercer manifiesto

bodas quimicasLa tercera obra del rosacrucismo primitivo se titula “Las bodas químicas de Christian Rosenkreutz” y -aunque el autor sería el mismo, Johann V. Andreae- su contenido es bastante diferente.

Para comenzar, este libro deja en evidencia la ligazón entre la Alquimia y la Rosacruz, pues utiliza la excusa de un viaje (iniciático) para transmitir las enseñanzas herméticas tradicionales y que podemos rastrear en la mayoría de los manuscritos alquímicos.

La obra está dividida en siete capítulos que representan siete portales que el discípulo debe atravesar para alcanzar la Paz Profunda. Un análisis detallado de esta obra nos desviaría de nuestro propósito pero animamos al lector a que se atreva a sumergirse en sus páginas. La primera vez no entenderá nada. La segunda vez tampoco. Pero la tercera (quizás) empezará a darse cuenta que esta es una de las obras que deben leerse -sí o sí- con “otra mirada” y donde el autor calla más de lo que se dice. Y cuando se llegue a comprender esto, la obra empezará a revelar sus secretos. No lo creas. Inténtalo y no te rindas a la primera. Compruébalo por ti mismo.

Autor: Phileas del Montesexto
www.phileasdelmontesexto.com


Bibliografía anexa

Andreae, Johann – Fama Fraternitatis
Andreae, Johann – Confessio Fraternitatis
Andreae, Johann – Las bodas químicas de Christian Rosenkreutz
Andreae, Johann – Cristianópolis


Notas del texto

(1) Andreae, Johann: “Fama Fraternitatis”
(2) Andreae: op. cit.
(3) Andreae: op. cit.
(4) Andreae, Johann: “Confessio Fraternitatis”
(5) García, Marc: “Errores y manipulación en torno a la figura de René Guénon”. Disponible aquí

Powered by WordPress. Designed by WooThemes