La Orden del Temple

Artículo anterior: Jesús y los esenios

templarios

La cruzada cristiana a Tierra Santa durante el medioevo constituyó un ámbito propicio para que se diese un intercambio cultural entre Oriente y Occidente, al mismo tiempo que en forma subterránea se establecieron sólidos vínculos entre grupos iniciáticos que, más allá de sus diferencias religiosas, tenían los mismos objetivos trascendentes.

Por lo tanto, la ciudad santa de Jerusalén marcó el punto de encuentro entre una Orden caballeresca occidental (los Templarios) y otra de características similares pero oriental (los Nizaríes ismaelitas).

¿Quién eran los Ismaelitas? Estos caballeros, cuyo origen puede datarse en el 1078 d.C. En Irán, se consideraban a sí mismos “Guardianes de Tierra Santa” y solían vestir ropajes blancos con cinturón rojo y un gorro frigio que los relacionaba con los antiguos Misterios de Mitra y con la tradición iránica-zoroastriana.

El Ismaelismo pertenecía a la rama chiita del Islam y postulaba que el Sagrado Corán tiene varios niveles de interpretación, por lo cual –para descubrir el significado último de las escrituras islámicas– hay que recurrir al análisis hermenéutico (ta’wil), el único que permite llegar hasta el corazón de las enseñanzas mahometanas.

templeLa Orden del Temple, por su parte, fue creada en el año 1118 en Tierra Santa por nueve caballeros cruzados liderados por Hugh de Payns, a quienes el rey Balduino II cedió parte del Templo de Salomón tras lo cual comenzaron a ser llamados “Templarios”.

Desde 1118 a 1127 –nueve años de probación– los caballeros se dedicaron a acondicionar el Templo y sus subterráneos para que éste sirviera de base de operaciones de su Orden.

Tras este período probatorio, Hugh de Payns viajó a Francia y tomó contacto con la Orden del Císter, a fin de que ésta intercediera con el papa en el reconocimiento oficial de los caballeros del Temple. La petición fue bien recibida entre los cistercienses y en el equinoccio de primavera, el 21 de marzo de 1128, la “Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón” fue finalmente consagrada en el Concilio de Troyes. El Temple –al poseer una doble naturaleza: militar y religiosa– necesitaba una “Regla” y ésta fue elaborada por el prestigioso monje cisterciense San Bernardo de Claravaix.

El papel jugado por San Bernardo durante el período fundacional del Temple fue crucial, dado que dedicó sus mejores esfuerzos en promocionar la nueva Orden entre las clases altas de Europa, sobre todo en los círculos cercanos al papa.

Cuando los Templarios fueron organizados en Tierra Santa, el Ismaelismo estaba viviendo su época de esplendor y varios investigadores creen que Hugh de Payns (Primer Maestro del Temple) habría encontrado inspiración en este grupo islámico al momento de crear su propia orden caballeresca.

Haya existido o no una influencia musulmana más o menos directa en la creación de la Orden templaria, lo cierto es que –como señala Julius Evola“la caballería cruzada acabó encontrándose frente a una especie de reproducción exacta de sí misma, o sea frente a guerreros que tenían la misma ética, las mismas costumbres caballerescas, los mismos ideales de «guerra santa» y, además, las correspondientes vertientes iniciáticas”. (1) De acuerdo con René Guénon: “Para desempeñar el papel que les estaba asignado, y que concernía a una determinada tradición, la de Occidente, debían permanecer vinculados exteriormente con la forma de esta tradición; pero, a la vez, la conciencia interior de la verdadera unidad doctrinal debía hacerlos capaces de comunicar con los representantes de las otras tradiciones. Esto explica sus relaciones con ciertas organizaciones orientales, y sobre todo, como es natural, con aquellas que en otras partes desempeñaban un papel similar al de ellos” (2). 

*** Para ver el contenido completo, debes suscribirte como colaborador en este enlace. ***

caballero templario

La caída

El inmenso poder que acumuló la Orden Templaria a lo largo de los siglos la convirtió en una amenaza y finalmente, a principios del siglo XIV, el papa Clemente V y el rey de Francia Felipe IV actuaron en conjunto para iniciar un proceso en contra del Temple donde fueron acusados de todo tipo de crímenes y herejías. Como cierre de este infame proceso, el último Gran Maestre de la Orden (Jacques de Molay) fue encarcelado, torturado y ejecutado en una hoguera pública frente a la catedral de Notre Dame.

De acuerdo con Geoffroi de Paris (un cronista de esos tiempos), Jacques de Molay maldijo a sus verdugos diciendo: “Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir.” Varios siglos más tarde, en el año 1793, después que el rey Luis XVI fue ejecutado en la guillotina, un ciudadano anónimo se subió al cadalso para gritar: “Jacques de Molay, tu es vengé!” (¡Jacques de Molay, estás vengado! )

¡Jacques de Molay, estás vengado!

¡Jacques de Molay, estás vengado!

La sucesión

Con la Orden Templaria eliminada y con el ascendente poder del Santo Oficio de la Inquisición, las cofradías iniciáticas que sucedieron a ésta (y que conservaron parte de su legado) tuvieron que pasar a trabajar a cubierto, en la clandestinidad. 

*** Para ver el contenido completo, debes suscribirte como colaborador en este enlace. ***

Guénon sostiene que “a partir de la destrucción de la Orden del Temple, se produce la ruptura de Occidente con su propia tradición iniciática, ruptura que constituye verdaderamente la causa primera de toda la desviación intelectual del mundo moderno” (3).

Aún teniendo en cuenta esta ruptura, “esto no significa, empero, que todo vínculo haya sido cortado de una vez por todas; durante bastante tiempo pudieron haberse mantenido relaciones en cierta medida, pero sólo de una manera oculta, por intermedio de organizaciones como la Fede Santa o los “Fieles de Amor”, como la “Massenie del Santo Graal”, y sin duda muchas otras, todas herederas del espíritu de la Orden del Temple, y en su mayoría vinculadas con ella por una filiación más o menos directa” (4).

Se han realizado todo tipo de conjeturas acerca de las prácticas, las doctrinas y los secretos de los Templarios, pero lo cierto es que su influencia en las corrientes esotéricas posteriores es innegable, sea por una filiación comprobada o bien por mera inspiración.

En pleno siglo XXI, la Orden del Temple nos sigue fascinando y estimulando porque percibimos en ella (de forma consciente o inconsciente) una conexión directa con el centro primordial.

Autor: Phileas del Montesexto
www.phileasdelmontesexto.com


Bibliografía anexa 

*** Para ver el contenido completo, debes suscribirte como colaborador en este enlace. ***


Notas del texto

(1) Evola, Julius: “El misterio del Grial”
(2) Guénon, René: “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada”
(3) Guénon, René: ““Estudios sobre la Franc-Masonería y el Compagnonage”
(4) Guénon, René: “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada”

Powered by WordPress. Designed by WooThemes