La Atlántida

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Artículo anterior: Caída y reintegración


La Atlántida fue la cuna del conocimiento iniciático, el lugar donde fueron conformadas las primeras Escuelas de Misterios y donde se buscaba mantener el vínculo con la antigua Hiperbórea, la patria original.

Al estudiar la civilización atlante debemos tener en cuenta dos cosas:

a) Que la documentación fidedigna es muy escasa y que el 90% de lo escrito sobre la Atlántida es fantasía, invenciones de escritores imaginativos que -a falta de evidencias contundentes y pruebas arqueológicas- se dedicaron a hacer elucubraciones sobre estos mundos perdidos. Este es el caso de Scott-Elliot, por ejemplo, que muchos estudiantes toman como fuente de información y cuyas obras no resisten un análisis medianamente riguroso. Ciertamente, cuando un autor sostiene que su método de investigación se basa en la clarividencia, canalizaciones y en la consulta de los archivos akáshicos deberíamos ser doblemente minuciosos antes de aceptar sus declaraciones porque son bonitas, exóticas o porque se ajustan a nuestros prejuicios. Esto no significa negar esos fenómenos sino evitar caer en la credulidad. Como alguien dijo una vez: “Revelaciones espectaculares necesitan pruebas espectaculares”. 

b) Que la Atlántida no es la fuente primordial sino un centro secundario, o bien un puente entre la proto-humanidad hiperbórea (centro primario) y la humanidad tal como la conocemos. Sobre esto, vale la pena tener en cuenta que la historia conocida del ser humano es la historia de la humanidad post-atlante o posterior al diluvio.

c) Que la Atlántida es un mito, recordando siempre -y es preciso repetirlo- el doble sentido de esta palabra. Para los profanos y  los materialistas un mito es una mentira lisa y llana, mientras que para los espiritualistas es una verdad trascendente, no evidente. Nuestra forma de percibir la realidad nos lleva a entender el mito como una u otra cosa. Dicho de otro modo, debemos ver en la Atlántida una verdad que está más allá de las evidencias físicas. Por lo tanto, la principal fuente para conocer la civilización atlante no son los libros de esoterismo ni los de historia sino la lectura entre líneas de los relatos mitológicos

En sus libros -que deben ser leídos con mucho discernimiento y sin caer en el literalismo burdo- H.P. Blavatsky advierte que los atlantes fueron “la primera progenie del hombre” y asegura que con esta civilización (que ella considera la cuarta raza-raíz) se alcanzó “el período puramente humano”. De ahí que las anteriores razas o humanidades deban ser consideradas una proto-humanidad, un período preliminar donde lo divino y lo humano aparecen mezclados, y que puede rastrearse en algunos mitos tradicionales y los relatos bíblicos.

Sobre esto, dice Ignatius Donnelly: “La historia de la Atlántida es la clave de la mitología griega. No cabe la menor duda de que aquellos dioses griegos eran seres humanos. La tendencia a asignar atributos divinos a los grandes gobernantes terrenales está muy implantada en la naturaleza humana”.

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Relatos antiguos y tecnologías olvidadas

Muchos investigadores se preocupan por situar geográficamente a la Atlántida en el Mediterráneo, en el Caribe, en medio del Océano Atlántico, en la propia América, etc. Otros afirman que todo el planeta durante ese período debe ser considerado “la Atlántida” y que ésta no debe ser considerada un continente sino una civilización global.

En verdad, eso poco importa y es probable que nunca se encuentren vestigios arqueológicos que sean concluyentes. Si somos estrictos en nuestra investigación, la principal fuente sobre la Atlántida son los diálogos de Platón donde dice que Critias escuchó sobre los atlantes de los labios de su abuelo, y que éste -a su vez- la había escuchado del político Solón y a éste último se la habían contado los sacerdotes iniciados de la ciudad de Sais en Egipto.

El punto más importante de este estudio no es la ubicación exacta de la Atlántida sino su importancia en el marco de las Escuelas Iniciáticas y Mistéricas. Debemos comprender que el valor de los atlantes radica en su condición de puente entre los antiguos y los modernos y por ser los creadores de una metodología iniciática que posteriormente fue transmitida de boca a oído. Esta metodología (y sus variantes) constituyen el hilo conductor de la Tradición Primordial y vinculan de uno u otro modo a todas las escuelas sapienciales que toman como referencia un conocimiento esotérico que permite conectarnos con el punto de origen.

monte pico

Monte Pico

Varias corrientes de corte iniciático -especialmente rosacruces- hablan del Monte Pico como uno de centros sagrados más importantes de Poseidonis, la última isla del continente atlante en hundirse según el relato platónico. La importancia del Monte Pico (hoy en las islas Azores) radica en el significado tradicional de las montañas, como sitio sagrado especialmente dedicado a las ceremonias iniciáticas, un espacio propicio para el contacto del hombre con Dios.

En cuanto al grado de desarrollo de la Atlántida, podríamos suponer que esta civilización es la piedra de toque para comprender a fondo las técnicas utilizadas por los antiguos para la construcción de las pirámides y las grandes estructuras megalíticas que aparecen en muchas de las civilizaciones ancestrales. Los grandes enigmas de la llamada (o mal llamada) “arqueología prohibida” y los misteriosos Ooparts (Out of Place Artifact) tendrían su explicación a partir de una tecnología perdida en el diluvio universal, es decir con el hundimiento de los últimos restos de la Atlántida.

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Sobre el diluvio y la catástrofe atlante

Las mitologías de Oriente y Occidente hablan de una catástrofe o “diluvio universal” en la que la humanidad estuvo a punto de desaparecer. Estos relatos (que en la Biblia aparecen en Génesis y que aparecen mucho antes en la epopeya de Gilgamesh) pueden ser relacionados con el hundimiento de la Atlántida.

Dice Platón: “Tras un violento terremoto y un diluvio extraordinario, en un día y una noche terribles, la clase guerrera vuestra se hundió toda a la vez bajo la tierra y la isla de Atlántida desapareció de la misma manera, hundiéndose en el mar”.

Dejando de lado el sentido metafísico y símbólico de esta catástrofe -que en cierta forma se corresponde a una “segunda caída” y a un nuevo hito de la des-integración del vínculo de lo humano y lo divino- debemos ver en la sumersión de la Atlántida la pérdida definitiva del vínculo con la fuente hiperbórea.

Con el fin de los atlantes, las escuelas de misterios se relocalizaron en otros puntos del planeta, convirtiéndose en las únicas depositarias del conocimiento primordial. Con el paso de los siglos y con el avance arrollador del materialismo, la mayoría de estas escuelas fue relegando su rol fundamental en la transformación humana y pasaron a ser en espacios de formación para finalmente convertirse en centros de información. Esta decadencia -que afecta de una u otra forma a todas las organizaciones humanas- es fiel reflejo de las sub-edades del Kali Yuga, que también se suceden proporcionalmente en 4-3-2-1 como vimos en el artículo sobre el punto de origen. Siendo así, podemos hablar de un Kali Yuga del Kali Yuga, de una edad de hierro dentro de la edad de hierro.

Sobre esto, dice René Guénon: “Es sabido que en casi todas las tradiciones se alude a algo perdido o desaparecido que, sean cuales sean las formas con las que se lo simboliza, tiene en el fondo siempre el mismo significado. En realidad, se trata en todos los casos de una alusión al oscurecimiento espiritual que, en virtud de las leyes cíclicas, sobrevino en el transcurso de la historia de la humanidad: es ante todo la pérdida del estado primordial, y también, por una consecuencia inmediata, la pérdida de la tradición correspondiente, pues dicha tradición no era sino el propio conocimiento, implícito esencialmente a la posesión de ese estado”.

La próxima semana hablaré de los supervivientes de la Atlántida y la consolidación de diversos núcleos de carácter iniciático para la preservación del conocimiento ancestral.

Recuerda: no creas todo lo expuesto anteriormente. Lee, investiga, reflexiona y trata de buscarle a estas enseñanzas el mejor provecho, es decir no pensando en ellas como algo lejano y pasado sino como algo que aún sigue vivo en cada uno de nosotros, legímitimos herederos de la Atlántida.

Autor: Phileas del Montesexto


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Bibliografía recomendada

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Bibliografía sobre la Atlántida

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Blog recomendado: Crónica Subterránea de Débora Goldstern, en especial su apartado sobre la Atlántida

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