Evolucionismo, Creacionismo y Tradición Esotérica

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Ver entrega anterior: Centro primario y centros secundarios


Desde una perspectiva profana, el origen del hombre suele explicarse a través de dos teorías: el creacionismo y el evolucionismo.

El creacionismo (en nuestros días también conocido como “diseño inteligente”) parte de una interpretación literal de las escrituras sagradas, sobretodo en las llamadas “religiones del libro” (judaísmo, cristianismo e islam), donde se establece un acto creador original en el que una divinidad todopoderosa insufla vida al primer hombre.

El evolucionismo, por su parte, está fundamentado en las teorías de Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, quienes -a mediados del siglo XIX- postularon que la selección natural era el mecanismo básico responsable del origen de las nuevas especies. En este sentido, el hombre y el mono compartirían un antepasado en común.

darwinismo

Esquema clásico de la evolución del hombre según el darwinismo

Por encima de estas dos posturas que parecen irreconciliables, el esoterismo tradicional propone una tercera vía, diferente y complementaria a las anteriores, y que puede amalgamar sin problema los relatos religiosos tradicionales y los descubrimientos científicos más avanzados.

En primer lugar, la filosofía iniciática parte de la base que todas las historias contenidas en los libros sagrados no deben ser consideradas relatos históricos sino supra-históricos o meta-históricos: mitos, aunque recuperando la verdadera acepción de esta palabra. Desde una óptica profana un “mito” es una falacia, una falsa creencia y en el lenguaje cotidiano se suele decir del “mito” como sinónimo de “mentira”. Sin embargo, desde una perspectiva iniciática un “mito” es una verdad trascendente que no puede ser expresada por palabras ni comprendida con la razón.

Según Joseph Campbell: “El mito establece un vínculo entre nuestra conciencia vigílica y el misterio global del universo”. Este reconocido mitólogo confesó que “no es dificil demostrar que como ciencia o historia la mitología es absurda. Cuando una civilizacion empieza a reinterpretar su mitología de esta manera, la vida huye de ella, los templos se convierten en museos y se disuelve la liga entre las dos perspectivas”.

En otras palabras, cuando tratamos de racionalizar los mitos, cuando tratamos de encerrar a los símbolos, terminamos matándolos y pierden todo su sentido. Siendo así, los esoteristas acuden a las sagradas escrituras con discernimiento, leyendo con “otra mirada” a fin de atravesar la letra muerta y penetrar en el sentido último de las mismas.

Entonces, ¿qué dicen las enseñanzas esotéricas sobre el origen del hombre? En los artículos anteriores estudiamos las cuatro edades o yugas que conforman un ciclo humano o “manvantara” y tratamos de conciliar esta concepción tradicional con las proposiciones de Helena Blavatsky y su esquema de “siete razas-raíces”.

Según el esquema blavatskiano -que fue heredado y reinterpretado por diversas escuelas esotéricas del siglo XX- “La Raza Primera no tuvo historia propia. De la Raza Segunda puede decirse lo mismo. Por tanto, tenemos que conceder cuidadosa atención solamente a los Lemures y Atlantes, antes de intentar la historia de nuestra propia Raza: la Quinta”. 

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¿Qué se nos dice con esto? En primer lugar, Blavatsky establece que las dos primeras razas eran de naturaleza metafísica, por lo tanto no tenían una existencia material. Recién en la tercera raza (semietérea) se produce el descenso a la materia, que en términos judeo-cristianos se llama “la caída”.

Esta “caída”, precipitación o descenso aparece de uno u otro modo en todas las corrientes sapienciales y en una antropogénesis esotérica supone también el desarrollo material de vehículos propicios para que el ser humano se manifieste, en otras palabras un doble movimiento ascendente y descendente para que aparezca el hombre en la Tierra. Esto puede interpretarse de varias maneras, claro está, y es lógico que así sea. Por el momento, tomemos todo esto como una hipótesis y, en el caso de este artículo, como una interpretación personal después de muchos de estudios, vivencias interiores y reflexiones personales [ver artículo: El Dogma Iniciático].

De acuerdo con esta hipótesis esotérica podríamos suponer que -a lo largo de los siglos- fue evolucionando en el planeta una forma física adecuada para que el ser humano pudiera encarnar y podríamos suponer también que estas formas estaban relacionadas con los primates. Si esto fuera así, estaríamos hablando de un doble proceso: de una evolución natural y física de ciertos primates y de una involución (caída) del “ser” para la aparición de un ser donde estarían manifestadas las dos naturalezas: la materia y el espíritu, la tierra y el cielo. Por esta razón el neoplatonismo sostenía que el ser humano es “anfibio” (ambhi=dos lados, bio=vida), con una doble naturaleza y ésta aparece en nuestro interior como una pulseada, como una guerra entre lo de arriba y lo de abajo, lo de adentro y lo de afuera, entre lo que nos empantana en la materia y nos animaliza, y entre lo que nos eleva a lo alto y nos diviniza.

Isaac Luria, uno de los cabalistas más influyentes del siglo XVI llegó a intuir este parentezco con los primates y escribió: “Llegará un momento en que los hombres de ciencia, en su búsqueda del eslabón perdido entre el hombre y el animal, terminarán considerando al mono como la forma viviente de la cual el hombre evolucionó”. Por su parte, Louis-Claude de Saint-Martin (el Filósofo Desconocido) en su obra “De los errores y de la Verdad” afirmó que “el Hombre es más antiguo que cualquier Ser de la Naturaleza; existía antes del nacimiento del más pequeño de los gérmenes, y, sin embargo, no vino al mundo sino hasta después de ellos”.

Tanto Luria como Saint-Martin (y la propia Blavatsky) indudablemente recogieron estos conocimientos de la tradición cabalística,  en especial de un libro muy importante para la tradición iniciática llamado el Zohar (siglo XIII), que facilitamos en dos versiones diferentes, en un tomo y en cinco tomos:

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Aunque todas las escuelas esotéricas e iniciáticas hablan de una u otra forma de este descenso, las interpretaciones sobre el mismo varían. De hecho, el tradicionalismo guenoniano se opone con fuerza a las concepciones darwinistas y la teosofía blavatskiana postula que “el mono que conocemos no es producto de la evolución natural, sino un accidente, un cruzamiento entre un ser, o forma, animal y el hombre”. Profundizar en este tema nos desviaría mucho de este estudio introductorio, pero quien desee investigar, puede leer sobre esto en “La Doctrina Secreta”, tomos 3 y 4:

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Esquema blavatskiano

Esquema evolutivo según la teosofía blavatskiana

Volviendo al punto principal y so pena de ser reiterativo, vale destacar que todas las escuelas esotéricas hablan de lo mismo: de una caída desde el plano espiritual hasta una encarnación material. La expulsión del paraíso y la pérdida del estado adámico.

Dice el masón Fermín Vale Amesti: “El llamado “síndrome paradisíaco” ocurre cuando el Hombre Primordial decide cortar o romper el estado de identidad o de unidad con El Ser [cambiando] su túnica de luz por la “túnica de piel”. A partir de entonces, ya no conoce los seres y las cosas en su esencia intima, sino que ahora las “ve” a través del velo de las percepciones de los sentidos físicos, y tiene que limitarse, por lo tanto, a las “informaciones” que le vienen unicamente por la vía de las sensaciones y los afectos: ha ocurrido la transferencia del Centro de Consciencia Divina a la conciencia de las impresiones sensibles”.

Por su parte, el cabalista Shimon Halevi explica: La humanidad proviene de los mundos superiores. Ya existía antes de que apareciera el planeta Tierra. Cronológicamente, su arribo al mundo natural fue posterior al de la mayoría de las especies, pero esto es debido a que un sistema de vida orgánica tenía que ser preparado para que la humanidad existiera. (…) La humanidad y esto, sin duda, ha ocurrido en sistemas solares más lejanos que el nuestro, se manifestó físicamente en el cuerpo, ya existente, de un primate muy desarrollado. Tal es la supervisión del cielo: un nivel asiyyático de perfección orgánica tenía que ser alcanzado en el reino animal, el cual pudiera acoger a un alma humana”.

Todos estos puntos son importantes para la comprensión de otros conceptos tradicionales como la palabra perdida, la reintegración, la iniciación, el árbol de la vida, etc. De este camino de descenso y ascenso, de la caída y del regreso a la fuente hablaré en el siguiente artículo de esta serie.

No te quedes con lo expuesto aquí. Tómalo como un punto de partida. Y recuerda: “Ora, Lege, Lege, Lege, Relege, Labora et Invenies” (Ora, Lee, Lee, Lee, Relee, Trabaja y Encontrarás).

Autor: Phileas del Montesexto
www.phileasdelmontesexto.com


Continúa en: Caída y Reintegración


Esquema del descenso y ascenso

Esquema del descenso y ascenso


Bibliografía recomendada

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Bibliografía de profundización

Los siguientes textos son algo complicados y no los aconsejamos para aquellos que recién comienzan los estudios:

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Bibliografía complementaria

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Algunos textos sobre evolucionismo:

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Las anteriores reflexiones son realizadas a título personal y no reflejan necesariamente el pensamiento de todos los responsables de Sancta Sanctorum. Que estos artículos sean un punto de partida, no una conclusión definitiva. Si tienes otras ideas que quieras compartir con respeto, o bien sugerir otros textos de referencia, hazlo en los comentarios.

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