Fuente Primordial – La Gran Obra alquímica

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alquimistasEn sus investigaciones, los alquimistas observaban que en el interior del vaso filosófico se producía un largo proceso donde la materia pasaba por varias coloraciones, fases o grados que normalmente suelen llamarse:

Nigredo o Melanosis (Negro)
Albedo o Leukosis (Blanco)
Citrinitas o Xanthosis (Amarillo)
Rubedo o Iosis (Rojo) 

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Aunque originalmente los primeros textos hablaban de cuatro etapas, más adelante se comenzó a hablar de tres (Nigredo, Albedo y Rubedo) para hacerlas coincidir con el Azufre, el Mercurio y la Sal. Aún así, hay autores que hablan de 7 etapas y otros de 12, por lo tanto debemos concluir que el número de etapas es subjetivo y responde -la mayoría de veces- a correspondencias numéricas con otros conceptos (4 etapas con los 4 elementos, 7 etapas con los 7 planetas, 12 etapas con los 12 signos zodiacales, etc.).

Por encima de estas fases, podemos encontrar en el desarrollo de la Gran Obra dos secciones o partes bien definidas: una Obra Menor, pequeño magisterio o Argiropeya, donde se obtiene la piedra al blanco a través de la luz lunar y una Obra Mayor, gran magisterio o Crisopeya, donde se obtiene la piedra al rojo a través de la luz solar.

viaje por planetasEstas dos partes de la Gran Obra, una ligada a la Luna (Plata) y otra al Sol (Oro) generalmente se conciben como partes de un viaje inter­planetario a través de las esferas, es decir un recorrido iniciático en forma ascendente desde Saturno al Sol.

En la primera parte, la Luna nueva (negra, oscura) paulatinamente deja paso a la luz de la Luna llena, pero esta luz es indirecta por lo tanto aún cuando se ha logrado cierto grado de iluminación, el camino no está concluido y la obra no está acabada. Más adelante, el Sol va apareciendo, primero tímidamente en el horizonte y después ascendiendo grado a grado hasta alcanzar su punto más alto, en la Rubedo u Obra al Rojo.

Estas dos “luces” bien diferenciadas (Luz menor y Luz mayor, Luna y Sol, Plata y Oro, Tiferet y Kether) se vinculan -respectivamente- al Arte Real y al Arte Sacerdotal, a los Misterios Mayores y a los Misterios Menores, en otras palabras: al Alma y al Espíritu, donde los principales hitos de cada sección son la Iniciación (Iluminación) donde el hombre alcanza la plenitud, situándose en un punto intermedio entre dos mundos, entre la materia y el espíritu, y la Reintegración, donde existe un regreso pleno a la Unidad.

misterios mayores

Entonces: si los alquimistas hablaban en sus obras de “materializar el espíritu y espiritualizar la materia” podemos observar que en la Obra Menor se materializa el espíritu y en la Obra Mayor se espiritualiza la materia para que todo quede perfectamente integrado y para que la Gran Obra quede concluida.

sol y luna

El gran Paracelso

Seguramente el más reputado de los hermetistas sea Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso, que vivió entre los siglos XV y XVI, y que merece un capítulo aparte en este breve repaso de la Tradición Primordial y sus ramas.

paracelsoDesde muy joven, Paracelso se interesó en la literatura alquímica y la medicina, prometiéndose a sí mismo que revolucionaría el conocimiento médico al reunir ambas disciplinas. Después de un período de viajes que lo llevaron a Rusia, Cercano Oriente y otros parajes poco conocidos de Asia, el inquieto Paracelso regresó a Alemania donde encontró una férrea oposición de todos los que lucraban con la farmacopea. 

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Usandos sus heterodoxos métodos de curación, Paracelso logró curar diversas enfermedades y su fama traspasó fronteras. En verdad, los métodos paracelsianos estaban basados en el conocimiento hermético y en la observación de la Naturaleza, llegando a afirmar que “el saber no está almacenado en un solo lugar, sino disperso sobre toda la superficie de la tierra”.

Cuando hablaba de la medicina, Paracelso siempre la vinculaba al conocimiento superior de los hermetistas y -por ejemplo- aseveraba: “Vosotros debéis saber que en vuestras manos están el Azufre, el Mercurio y la Sal, y si realmente llegáis a percibir por separado estas tres cosas, bien sea por su aspecto o por su contacto, os digo que habréis adquirido al fin los ojos y la visión de un verdadero médico, ya que el médico debe percibir estas tres sustancias con la misma precisión con que el aldeano ve la simple madera… (…) Pues, por más que la percepción de las apariencias exteriores esté al alcance de todos, corresponde a los médicos esa especial visión interior (contuitio) por la cual nos es dado el secreto de las cosas. Será necesario pues que las hagamos visibles y aunque la medicina sea relativamente defectuosa para esta manera de mirar, tendremos que ir levantando los velos que las cubren con toda paciencia y acabar mostrando la naturaleza en sus estrictas substancias. 

Si meditáis esto y consideráis hasta que punto y en cuantas clases llega a reducirse la materia última de las cosas, veréis que en todas ellas están las tres substancias perfectamente independientes entre sí. Y que con ello el médico logra lo que el impostor o el profano no pueden conseguir.

Es preciso por lo tanto conocer primero estas tres substancias y sus propiedades en el Macrocosmos (in magno mundo) para poderlas referir y hallar después fácilmente en el hombre (Microcosmos), comprendiendo así lo que él es y lo que en él existe.” (1)

En consonancia con los alquimistas, Paracelso sostenía que la naturaleza en sí misma no estaba acabada y que el ser humano tenía la obligación de ayudarla a alcanzar la suprema perfección. A esta nueva disciplina que reunía el conocimiento médico con el de los alquimistas la denominó “medicina espagírica”, nombre que proviene de la palabra “espagiria”, del griego “spa” (extraer) y “ageiso” (reunir), que se corresponden a los términos “solve” y “coagula”.

¡Solve et Coagula! Toda la Gran Obra alquímica puede ser comprendida a través de estos dos términos.

Solve et Coagula

solve et coagulaLa máxima “Solve et Coagula” resume toda la labor de los alquimistas pues nos habla de la disolución y muerte de lo viejo a fin de que nazca algo nuevo y mejor. Del mismo modo que la semilla debe morir como semilla para dar paso a la planta y más tarde al árbol, asimismo el “Palaios Anthropos” (Hombre viejo) debe transformarse en un “Neos Anthropos” (Hombre nuevo), en un proceso metamórfico que nos recuerda el célebre enunciado de Lavoisier: “Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”.

El esoterista P.V. Piobb decía: “Analiza todo lo que eres, disuelve todo lo inferior que hay en ti, aunque te rompas al hacerlo; coagúlate luego con la fuerza adquirida en la operación anterior” (2) y este es -justamente- el fundamento de la Alquimia Espiritual, donde lo importante es experimentar esa maravillosa transmutación en nosotros mismos, en el seno de nuestro propio atanor, donde pueden ser disueltas las imperfecciones, ser reducidas a su materia para cristalizarlas nuevamente en una forma más noble.

solve et coagula

En relación con lo que hablábamos al principio de este artículo, René Guénon explica que la “doble operación de “coagulación” y de “solución” corresponde con gran exactitud a lo que la tradición designa como “poder de las llaves”; efectivamente, también ese poder es doble, puesto que implica a la vez el poder de “ligar” y el de “desligar”; pues bien, “ligar” es evidentemente lo mismo que “coagular”, y “desligar” es lo mismo que “disolver”; y la comparación de diferentes símbolos tradicionales también confirma esta correspondencia tan claramente como es posible. Sabido es que la representación más habitual del poder de que se trata es la de dos llaves, una de oro y la otra de plata, que se refieren respectivamente a la autoridad espiritual y al poder temporal, o a la función sacerdotal y la función regia, y también, desde el punto de vista iniciático, a los “grandes misterios” y a los “pequeños misterios” (y en este último aspecto, entre los antiguos Romanos, eran uno de los atributos de Jano; alquímicamente, se refieren a operaciones análogas efectuadas en dos grados diferentes, y que constituyen respectivamente la “obra al blanco”, que corresponde a los “pequeños misterios”, y la “obra al rojo”, que corresponde a los “grandes misterios”; estas dos llaves, que, según el lenguaje de Dante, son la del “Paraíso celestial” y la del “Paraíso terrenal” (3).

Con esta reseña, y a sabiendas que solamente hemos tocado el tema superficialmente, continuaremos con esta serie de artículos abordando el vínculo entre la Alquimia y la Rosacruz.

Autor: Phileas del Montesexto
www.phileasdelmontesexto.com

alquimia


Bibliografía

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Notas del texto

(1) Paracelso: “Opus Paramirum”, Libro I
(2) Piobb, Pierre Vicenti: ““Clef universelle des sciences secrètes”
(3) Guénon, René: “La gran tríada”

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