¿Quién fue Ophiel?

Ophiel (Edward C. Peach) fue un ocultista nacido en 1904 en Iowa (EE.UU.), escritor de diversos libros publicados entre los años 60 y 70 donde se centraba en el carácter práctico y vivencial de las ciencias esotéricas. En ellos podemos encontrar una cantera de instrucciones para el trabajo oculto. Muchos esoteristas han criticado su estilo debido a que impulsa al estudiante a trabajar con fuerzas desconocidas a las que -muchas veces- no está preparado.

En 1961, después de recibir una compensación de 1.000 dólares por una demanda de accidente, usó ese dinero en la publicación de su primer manuscrito “The Art and Practice of Astral Projection” (Arte y práctica de la proyección astral), que fue impreso en Hong Kong.

Ophiel declaró que no pertenecía a ninguna secta, órden y fraternidad y que non estaba atado a ningún juramento, y por esa razón creía que debía revelar todos los secretos y los principios del trabajo oculto.

Las fuentes de Ophiel son principalmente teosóficas (Blavatsky, Leadbeater, Besant) pero también se inspiró en las experiencias mágicas de la Golden Dawn (principalmente Israel Regardie y Dion Fortune), en las lecciones de BOTA (Builders of the Adytum) y en las doctrinas de un personaje poco conocido llamado Vitvan, fundador de la “School of Natural Order” (Escuela del Orden Natural).

Su nombre Ophiel es tomado del espíritu de Mercurio y hacía alusión al proceso alquímico-astrológico para la conversión de plomo en oro a través de la piedra filosofal.

Intentó crear un sistema de lecciones por correspondencia del estilo de la Orden Rosacruz AMORC o la escuela de Paul Foster Case (BOTA), pero éste no prosperó. De este proyecto quedan una serie de escritos conocidos como “vignettes” (viñetas) y algunas de ellas fueron traducidas por estudiantes de Biblioteca Upasika.

Ophiel falleció en San Francisco (Estados Unidos) 1988, a los 84 años de edad.

 

BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL

Arte y práctica de la proyección astral (The Art and Practice of Astral Projection)

Arte y práctica de la magia talismánica (The Art and Practice of Talismanic Magic) 1973

Arte y práctica del ocultismo (The Art and Practice of the Occult) 1968

Arte y práctica de la clarividencia (The Art and Practice of Clairvoyance) 1969

Arte y práctica de la visualización creativa (The Art and Practice of Getting Material Things Through Creative Visualization)

Arte y práctica de la Cábala Mágica (The Art and Practice of Caballa Magic) 1976

Arte y práctica de contactar con el Demiurgo (The Art and Practice of Contacting the Demiurge) 1978

Viñetas (Vignettes)

Biografías de Helena Blavatsky

Para conocer a fondo la cautivante, misteriosa e intrincada personalidad de Helena Blavatsky contamos con decenas de biografías (muchas de ellas traducidas al español) que nos sirven para conocer la intimidad de la conocida ocultista rusa. Pero, ¿por qué biografía empezar? ¿qué libros valen la pena y cuáles no? En este breve artículo daremos nuestros consejos para introducirse en la biografía de H.P. Blavatsky.

 

BIOGRAFÍAS ESCRITAS POR CONTEMPORÁNEOS Y DISCÍPULOS

“Incidentes de la vida de la señora Blavatsky” (Incidents in the life of Madame Blavatsky) de Alfred Percy Sinnett, escrito en 1886, mientras HPB aún estaba viva. Es una obra apologética, escrita por uno de los primeros teósofos ingleses.

“Reminiscencias de HPB y la Doctrina Secreta” (Reminiscences of H. P. Blavatsky and “The Secrel Doctrine”), un valioso material testimonial escrito por la Condesa Constance Wachtmeister, gran amiga de HPB.

“H.P.B.: esbozo biográfico”. Uno de los varios escritos (originalmente en ruso) donde la hermana menor de H. P. Blavatsky (Vera Petrovna de Zhelihovsk) usa sus diarios para documentar la biografía de HPB.

“La Verdadera H. P. Blavatsky: Estudio de Teosofía y Memoria de una Gran Alma” (The Real H. P. Blavatsky: A Study in Theosophy, and a Memoir of a Great Soul), publicada e 1928 y escrita por uno de los discípulos de HPB: William Kingsland.

“Historia de la Sociedad Teosófica” (Old diary leaves: the true story of the Theosophical Society, 1895 el tomo I), de Henry Olcott. Un minucioso relato de los orígenes del movimiento teosófico con H.P. Blavatsky como el hilo conductor.

 

BIOGRAFÍAS POSTERIORES ESCRITAS POR TEÓSOFOS Y ADMIRADORES

“La Vida Extraordinaria de H. P. B.” (The Extraordinary Life of H. P. B.), tal vez la más completa de todas las biografías escritas sobre la Maestra, con una minuciosa documentación con datos poco conocidos. Escrita por Sylvia Cranston en 1993.

“La Esfinge” (A Esfinge) es la recopilación y ampliación de una serie de estudios sobre HPB publicados en Brasil bajo el título “Informativo HPB” realizados por la investigadora Marina Cesar Sisson quien escribe una obra magnífica donde aborda varios temas interesantes acerca de la vida de Blavatsky, muchos de ellos poco conocidos (su hijo Yuri, el uso de drogas, el casamiento con Nikifor Blavatsky, etc.).

“H.P. Blavatsky, una mártir del siglo XIX”, una curiosa obra del teósofo español Mario Roso de Luna donde el autor reúne los datos biográficos disponibles en el momento y los complementa con algunos elementos ficticios. Publicada en 1924.

“Los viajes iniciáticos de H.P. Blavatsky”, un magnífico seguimiento paso a paso de los viajes de la Maestra por todo el mundo. Recopilación realizada por el español José Rubio Sánchez en 2013.

 

OBRAS ANTI-BLAVATSKIANAS

Existen varias obras contrarias a Blavatsky que no pueden ser obviadas en una reseña como esta.

“El Teosofismo” (Le Théosophisme, histoire d’une pseudo-religion) de René Guénon es un ataque frontal desde la óptica perennialista a la Teosofía blavatskiana a la que llama “seudo-espiritualidad”, considerándola una forma moderna de contrainiciación. Es la primera obra de Guénon, un trabajo bastante pobre, mal documentado y lleno de prejuicios.

“El mandril de Blavatsky” (Madame Blavatsky’s Baboon: A History of the Mystics, Mediums, and Misfits Who Brought Spiritualism to America), un repaso a los espiritualistas contemporáneos desde una visión amarillista que no busca la verdad sino el escándalo. Aún así, es una obra que cuenta con mejor documentación que la presentada por Guénon.

 

ABC PARA ABORDAR LAS BIOGRAFÍAS DE HPB

A fin de ordenar al lector, sugerimos este orden de lectura:

1) “La Vida Extraordinaria de H. P. B.” de Sylvia Cranston, sin duda la mejor y más completa biografía de Blavatsky. Si la obra se hace pesada por su extensión, recomendamos empezar por “Incidentes de la vida de la señora Blavatsky” de Sinnett.

2) “La Esfinge” de Marina Sisson. Imperdible.

3) “Incidentes de la vida de la señora Blavatsky” de Alfred Sinnett. Si se eligió empezar con este, seguir con Cranston.

Después de estos tres libros, se sugiere seguir con:

4) “Los viajes iniciáticos de Blavatsky”, una obra amena que nos muestra una faceta importante de la Maestra.

5) “Reminiscencias de HPB y la Doctrina Secreta”, “H.P.B.: esbozo biográfico” y “La Verdadera H. P. Blavatsky”, por su inmenso valor testimonial de personas que conocieron a fondo a Blavatsky.

6) Historia de la Sociedad Teosófica” para profundizar sobre HPB en vinculación con el proceso fundacional del movimiento teosófico moderno.

7) “H.P. Blavatsky, una mártir del siglo XIX” aunque aporta bastante poco a los textos anteriores.

ABC para abordar a Richard Bach

A algunos les habrá sorprendido que colocáramos en el primer lugar de nuestro “ABC para comenzar a estudiar filosofía esotérica” el libro de Richard Bach “Juan Salvador Gaviota”.

Esta obra, aparecida en 1970, es una maravillosa fábula protagonizada por una gaviota que trata de superar sus limitaciones y trascender la mediocridad de las otras aves de la bandada. Su sencillez y profundidad le sirvieron para propagarse como reguero de pólvora en las universidades norteamericanas, luego en ámbitos intelectuales, espirituales y finalmente en el gran público, logrando récords de venta en los años 70.

El camino que elige Juan Salvador Gaviota es el mismo camino que eligen todos los discípulos de Oriente y de Occidente: ascendente, contracorriente y desafiante, y por esta razón todos aquellos que no se conforman con los parámetros superficiales de nuestra sociedad moderna necesariamente se sienten identificados con la entusiasta gaviota.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

Richard Bach es un aviador entusiasta y en casi todas sus obras aparecen historias y personajes vinculados con el vuelo. Los lectores de “Juan Salvador Gaviota” (Jonathan Livingston Seagull. 1970) se sentirán muy satisfechos al leer “Ilusiones” (Illusions: The Adventures of a Reluctant Messiah, 1977), una de las mejores obras de Bach.

Otros libros de Bach abordan temas biográficos del autor, como “El puente hacia el infinito” (The Bridge Across Forever: A Love Story, 1984) y “Uno” (One, 1988) donde habla de las almas gemelas y de su relación personal con Leslie Parrish.

Una obra digna de destacarse en su bibliografía es la brevísima “Ningún lugar está lejos” (There’s No Such Place as Far Away, 1976), sobre todo en la versión impresa con los bellos dibujos de Ron Wegen.

ORDEN SUGERIDO DE LECTURA

Juan Salvador Gaviota (1970)
Ilusiones (1977)
Ningún lugar está lejos (1976)
Nada es azar (1969)
El don de volar (1974)
El puente hacia el infinito (1984)
Uno (1988)
Al otro lado del tiempo (1993)
Alas para vivir (1995)

ABC para comenzar a estudiar Filosofía Esotérica

Hace algunos días, el visitante G.P. nos preguntó por correo electrónico: “¿Qué libros debería leer? Necesito una guía para iniciar desde cero en este camino”.

Ante esta pregunta, decidimos hacer una lista de doce libros recomendados para comenzar desde cero en el estudio de la Filosofía Esotérica. Al mismo tiempo, preguntamos a nuestros amigos de la la lista Hesperia cuáles serían los libros que ellos recomendarían a un novato. He aquí el resultado.

Doce libros para comenzar desde cero (en este orden) 

1) “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach. Un cuento sencillo e inspirador, con enseñanzas trascendentes, la mayoría de las veces “entre líneas”.

2) “El Mundo de Sofía” de Jostein Gaarder. Una maravillosa novela juvenil para todas las edades, una excusa para adentrarse en la historia y el desarrollo de la filosofía.

3) “El Tercer Ojo” de Lobsang Rampa, un relato atrapante ambientado en el Tibet, escrito por un controvertido personaje. Más allá de las discusiones sobre la veracidad de los hechos relatados, la obra es atrapante y despierta interesés en los temas trascendentes. Tienes dos continuaciones: “El médico del Tibet” y “El cordón de plata”.

4) “Los Pilares de la Pansofía” de Phileas del Montesexto. Una obra concebida como un ABC, una síntesis para introducirse en el tema. Es la antesala del Programa de Estudios OPI (“Opus Philosophicae Initiationis”).

5) “A los pies del Maestro” de Jiddu Krishnamurti (Alcione). Otro libro pensado como guía introductoria para el estudio de los neófitos. Una verdadera joya, escrita en un lenguaje sencillo.

6) “El Kybalión” de Tres Iniciados. Síntesis del conocimiento hermético explicado en siete principios universales. Una presentación sencilla del hermetismo en el marco de la filosofía del “New Thought” (Nuevo pensamiento).

7) “Reglas de oro para la vida cotidiana” de Omraam Mikhael Aivanhov. Casi toda la obra de Aivanhov es valiosa para los que recién se inician en temas esotéricos, pero en esta el escritor búlgaro introduce una serie de enunciados para la inspiración diaria. Recomendable.

8) “Teosofía explicada” de Pavri. Una buena explicación de las enseñanzas teosóficas, algo desactualizada para nuestros días y con muchos elementos fantásticos basados en los delirios de Leadbeater. Aún así, y teniendo en cuenta estas advertencias, vale la pena echarle un vistazo.

9) “El trabajo interior” de Antonio Blay. Este autor -poco conocido para muchos espiritualistas- es uno de los mejores exponentes de la filosofía espiritual en nuestro idioma. Divulgador de una “psicología de la autorrealización”, en esta obra nos introduce en la urgencia de llevar a la práctica los conocimientos teóricos.

10) “Concentración y meditación” de Christmas Humphreys. Otra obra enfocada en los elementos prácticos de la filosofía espiritual, escrita por un referente, tanto de la Teosofía como del Budismo: Christmas Humphreys.

11) “Las Enseñanzas secretas de todos los tiempos”  de Manly Hall. Un pantallazo brilllante de la historia y el desarrollo del conocimiento esotérico.

12) “Introducción a la Ciencia Sagrada” de Federico González Frías y otros colaboradores. La piedra basal del Programa Agartha, un repaso de todos los temas vinculados a la tradición hermética (cábala, astrología, tarot, etc.), un paso fundamental antes de sumergirse en un estudio más profundo.

Las respuestas de nuestros amigos

Ante nuestra pregunta: “Si volvieras a empezar de cero en tus estudios…¿con qué libro empezarías?”, recibimos 109 respuestas. ¡Gracias por contestar!

El libro más recomendado fue “El Kybalión”, con 29 personas que lo consideraron el texto inicial. En segundo lugar apareció “Los Grandes Iniciados” de Edouard Schuré con ocho recomendaciones y luego “Los Pilares de la Pansofía” con siete. Lobsang Rampa tuvo cuatro recomendaciones y “A los pies del Maestro” tres.

También aparecieron entre las obras más apreciadas para empezar las siguientes, todas con dos votos: “El Mundo de Sofía”, “Metafísica 4 en 1” de Conny Méndez, “Fragmentos de una enseñanza desconocida” de P. Ouspensky, “El retorno de los brujos” de Pauwels y Bergier, “Siddharta” de Hermann Hesse, “Las enseñanzas secretas de todos los tiempos” de Manly Hall y “La clave de la Teosofía” de Helena Blavatsky. Asimismo se hizo referencia a Omraam Mikhael Aivanhov, Annie Besant, Paulo Coelho, Wayne Dyer, Eckhart Tolle, Osho, Ralph Maxwell Lewis, Richard Bach, Max Heindel, Pavri, Dion Fortune, Samael Aun Weor, Aldo Lavagnini, entre otros.

Algunos pensamientos compartidos por los usuarios

“En lo personal empece por metafísica en 1987, y de ahí fue mágico, como si me tomaran de la mano y llegaron invitaciones a conferencias de Teosofía, de Rosacruces, Nueva Acropolis y los libros se me aparecían porque estando en las librerías de repente se caía de algún estante, creo que mi búsqueda era honesta y verdadera”. (Lucy González)

“Empezaría con libros de AMORC, por ser poco complicados, y muy buenas prácticas, sin ser sectarias. Tampoco importan las creencias religiosas. A pesar de las criticas que tiene la AMORC, creo que son las mejores enseñanzas para quien empieza y para los que no quieren coger una indigestión mental, pues son muy prácticas y no hay peligro de que te descoloquen de tu vida diaria y social”. (Frank)

“Para cada individuo, el camino será ligeramente o muy diferente, solo puedo compartir mi propia experiencia, pero esta es de unos cuantos años atrás, cuando comencé con libros de Yosip Ibrahim, luego mediante estos libros y sus recomendaciones comencé a recorrer un extenso camino, pero, algo que (a mi modesto entender) es fundamental, no hay que detenerse en ninguna creencia, solo rescatar todo aquellos que (para cada quien) vibre en su propia vibración, pero, poco a poco seguir el camino, sin apegarse, sin encerrarse en ninguna creencia…” (José María)

“Creo que no importa dónde empezar con qué empezar y todas las meditaciones al respecto..YA ESTA… lo principal es esa inquietud, ansiedad por llegar a la verdad del ser. No nos olvidemos de que TODO ESTÁ CONCATENADO y empecemos donde sea nos llevara a un fin. Paso a paso, no se te da mas de lo que puedas “soportar” y espera la llegada de un maestro aunque ya lo tienes… ¿quién te llevo a esta empresa ???? ves…. lee con ojo avizor, ve a los orígenes, ten presente que lo que tendría que durar mil años ya caduco…. malentendió o se perdió. Yo empezaría escuchándome, conociéndome -Vipassana-mindfulness”. (Gerardo Gandos)

“Empezar empapándote con libros de términos y símbolos presentes en toda la humanidad, después seguir cronológicamente leyendo y estudiando todas las religiones y culturas mas importantes y la historia de la humanidad, posteriormente estudiar el funcionamiento de la mente humana para ser objetivo y pensar por ti mismo tipo Carl Gustav Jung y después ya tendrás los conocimientos básicos para leer cualquier libro”. (Gudari)

“Más que un libro sugiero que se inicie en una orden esotérica para poder tener a maestros que le auxilien en tus estudios”. (Lúcio)




Colaboraron en esta entrada: Diego, juca, Luis Torres, Frater Chusaj, Roberto Cabrera, Javier Abraldes, Mario, Emig, Pedro, lingote, yorjan, Ansoni, Gontar Ouspensky, Lilian Sandoval, Hans Gfeller, Pedro, Marcela, Mora, Jose, Juan Mejía, Frank, V. Hugo A. Pineda, Maria Liz Benítez, Jose, Francisco Martínez Saldías, Victor Carlos Vilá, Jose Maria, Allan, Mariluz, Carlos, José Luis Flores Sánchez, Francesca Campodonico, Rolando Alfaro, Lúcio, Francisco Pucci, Maria A Martinez, Emanuel, Xavier, Jose Antonio Flores Barrientos, Diego M., Seb, Eduardo Jose Algarin Palma, Luis Salado Rodriguez, Bonnell, Patricia Murillo, Pep, Gamal Hadweh, Gerardo Gandos, Jesus Mtz, Santiago Villaros, José Manuel Navarro, Julio Calles, Israel Vargas Rosado, Miguel Ato Cadenas, John Tyrson, Jose Bonilla Tortorello, Franklin Sandi, Alejandro, Warka, Manuel de J. Velez, Norma, Licia Chuecas, Gudari, Macedonio Guzmán, María, Maria Jesus, Alexandro, Carlos, Hernan Obando, Roberto, Jorge Eliecer Triviño, Rincon, Humberto, Francisco Bernal, Régis Alves de Souza, Jose Antonio Bedoya, Carlos Espinel, Paula Francisca, Charles A. Tinajero, Arturo Adasme V., Susana Ferreira, Alejandro Aillon, Sunrise, Marta Copabán, Luis Alberto Martínez Rey, hector rincon, Eduardo Matayoshi, Angel Liboy, Maria Jesus Aran, Daniela, Juan carlos mahecha, Sergio, Juan Manuel Luque, Mauricio Cruz, Eric Tuyu, José Luis, Ismael, Lyla, Lucy González, Carmen Aguilar, Joaquin, Josefina, carlos martínez, Carlos, Alejandro Daniel Silvani Costa, Imguindo, Danny, Nelson Diego, Adriana Gutierrez y anónimos. ¡Gracias!

Te invitamos a que brindes tu testimonio en los comentarios de esta entrada.

ABC para abordar a William Judge

William Quan Judge (1851-1896) fue un teósofo irlandés radicado desde 1864 en los Estados Unidos, donde conoció a Henry S. Olcott quien le presentó a H.P. Blavatsky y los tres conformaron el triunvirato fundacional de la Sociedad Teosófica en la ciudad de Nueva York.

Tras la muerte de HPB encabezó un movimiento de secesión que produjo la primera gran fractura de la ST, formando “The Theosophical Society in America” en 1895, en franca oposición a la corriente de Annie Besant. Estas dos posturas diferentes de interpretar la obra de Blavatsky mantuvieron su antagonismo durante décadas y se profundizaron en los años 20 cuando la Sociedad Teosófica de Adyar nombró a Jiddu Krishnamurti como “Instructor del Mundo”.

Aún hoy, y aunque han existido varios intentos de acercamiento entre las dos posturas, los blavatskianos radicales se niegan a aceptar la línea sucesoria de la ST de Adyar, rechazando las enseñanzas de Annie Besant y Charles Leadbeater (a quienes no consideran teósofos) y destacando el trabajo de William Q. Judge, ya que lo consideran el auténtico sucesor de Blavatsky.

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BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

La obra más celebrada de Judge es “El Océano de la Teosofía”  (The Ocean of Theosophy, 1893), una exposición general de las doctrinas teosóficas blavatskianas dirigida el público no especializado. Otras obras como “Ecos de Oriente” o “Palabras de un teósofo” son compilaciones de artículos que enfocan diversos tópicos vinculados a la Teosofía.

En 1891 apareció un interesante libro firmado por Jasper Niemand (Julia Campbell Ver Planck) titulado Cartas que me han ayudado [Letters That Have Helped Me], que consiste en una serie de cartas escritas por Judge bajo el nombre de “Z”.

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ABC para abordar a Henry Olcott

El teósofo norteamericano Henry Steele Olcott (1832-1907) es conocido por ser el compañero de aventuras de la infatigable Helena Blavatsky, colaborando en la fundación de la Sociedad Teosófica y desempeñando el cargo de presidente de ésta durante 32 años.

En su juventud, Olcott se especializó en técnicas agrícolas y participó en el ejército norteño en la guerra de secesión de los EE.UU. Fascinado por los fenómenos espiritistas, desde 1874 se dedicó a estudiar a fondo diversos casos de mediumnidad, publicando algunos artículos en el “The New York Daily Graphic”. En estos tiempos conoció a Helena P. Blavatsky y participó entusiasmado de la creación de la Sociedad Teosófica junto a la dama rusa y William Judge.

Ocupó durante 32 años la presidencia de la ST hasta su muerte, tras lo cual le sucedió en el cargo la inglesa Annie Besant.




BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

La obra de Olcott no es tan extensa como podría suponerse. Además de escribir una treintena de artículos para la publicación “The Theosophist” (de la cual fue director desde 1879 a 1907) sus dos obras más importantes son:

“Historia de la Sociedad Teosófica” (Old diary leaves: the true story of the Theosophical Society, 1895 el tomo I), un minucioso relato de los orígenes del movimiento teosófico que apareció primeramente en entregas mensuales de “The Theosophist” desde marzo de 1892 hasta diciembre de 1906. La cercanía de Olcott con Blavatsky convierte a este libro en un documento interesantísmo para todos los interesados en profundizar en el desarrollo histórico del esoterismo en occidente.

“Catecismo buddhista” (A Buddhist catechism according to the canon of the Southern Church, 1881). El coronel Olcott veló por preservar los valores espirituales del budismo frente a los ataques del fundamentalismo cristiano en la India y en Ceylán. Su contribución al resurgimiento de éste en Ceylán y Japón fue muy importante, logrando la unificación de las sectas budistas cingalesas en 1880 (hoy Sri Lanka) y organizando un concilio budista en Adyar en 1891.

Olcott visitó Ceylán casi todos los años, desarrollando un trabajo especialmente relacionado a la creación de escuelas budistas. En 1880, había apenas en la isla 4 escuelas budistas, contra 805 cristianas. En 1900 -como fruto de su trabajo y de la publicación de su “Catecismo budista”- ya se habían fundado más de doscientas escuelas budistas.

El trabajo de Olcott fue tan importante en Ceylán que hoy en día existe una estatua del líder teósofo en el centro de la ciudad de Colombo [Ver imagen 360 grados aquí]. Para conocer más del trabajo de Olcott en la isla de Ceylán es interesantísimo el artículo de la brasileña Marina Cesar Sisson titulado “Ceylán, tierra de arhats”.

Al fallecer, varios teósofos españoles expresaron su gratitud con Olcott en la revista “Sophia” en una serie de artículos que han sido compilados bajo el título “El roble ha caído”.

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Arriba: Monumento a Henry Olcott en Ceylán.

Abajo: Monumento a Henry Olcott y Helena Blavatsky en Adyar (India)

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El rosacrucismo primitivo

La historia del rosacrucismo puede ser dividida en tres etapas: una primera etapa proto-rosacruz, donde se fueron desarrollando diversas organizaciones, sectas, cofradías y órdenes que luego confluirían en la Europa en la forma del rosacrucismo moderno, a principios del siglo XVII, donde puede ser situado el origen histórico del fenómeno de la Rosacruz.

En esta época aparecieron los manifiestos rosacruces: la “Fama Fraternitatis” (1614) y la “Confessio Fraternitatis” (1615) que fueron complementados con una extraña obra pletórica de símbolos e impregnada de la filosofía alquímica: “Las bodas químicas de Christian Rosenkreutz” (1616).

La aparición de estas obras marca el inicio de una segunda etapa de un rosacrucismo “primitivo” que fue exteriorizándose en la forma de sociedades y cofradías para conformar un rosacrucismo “tradicional”, muchas veces emparentado con la Masonería y otras órdenes fraternales. El grupo más importante de este período, floreciente en el siglo XVIII, fue la “Sociedad de la Rosacruz de Oro” que adoptó un sistema de nueve grados que se institucionalizó en 1777 y que influyó en varias órdenes posteriores.

Con la decadencia y desaparición de la Rosacruz de Oro, varios grupos aparecieron y desaparecieron durante el caótico siglo XIX hasta que el impulso rosacruciano llegó a los Estados Unidos de Norteamérica, donde Paschal Beverly Randolph impulsó la “Fraternitas Rosae Crucis” en 1858.

La tercera etapa histórica de la Rosacruz (neorosacrucismo) puede situarse entre mediados del siglo XIX y principios del XX, donde aparecieron diversas sociedades y grupos que se autoproclamaban rosacruces, principalmente en EE.UU., Alemania, Francia e Inglaterra.

En nuestros días, la Orden Rosacruz AMORC ha publicado dos nuevos manifiestos que presenta como una continuación de los antiguos manifiestos del siglo XVII.

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BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

Hay varias obras recomendables para estudiar el rosacrucismo primitivo. En primer lugar, es indispensable consultar las fuentes, es decir los dos manifiestos (“Fama Fraternitatis” y “Confessio Fraternitatis”) y “Las bodas químicas de Christian Rosenkreutz”, todos ellos atribuidos a Johann Valentinus Andreae. Existen buenas versiones en castellano e incluso pueden conseguirse estos tres textos con comentados y notas aclaratorias realizadas por el argentino Alejandro Silvani (Frater Fiducius).

Una versión interesante de la historia es la que presenta el primer Imperator de la Orden Rosacruz AMORC Harvey Spencer Lewis: “Preguntas y respuestas rosacruces con la historia completa de la Orden” (Rosicrucian Questions and Answers with Complete History of the Order, 1932) donde contempla una fase “simbólica” o “tradicional” de la historia rosacruz (donde casi no existen registros) y otra que puede documentarse mediante diversas fuentes.

Uno de los estudios más rigurosos sobre el fenómeno rosacruz fue realizado por la inglesa Frances Yates que en su libro “El Iluminismo Rosacruz” (The Rosicrucian Enlightenment, 1972) investiga la influencia cultural y política de los manifiestos en los siglos XVII y XVIII.

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Arriba: Johann Valentinus Andreae

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Fundación de la Sociedad Teosófica

A mediados del siglo XIX, el materialismo había avanzado a pasos agigantados en Occidente y el positivismo constituía una amenaza para todas las corrientes espirituales e iniciáticas.

Ante este dilema, la rusa Helena Petrovna Blavatsky reunió a su alrededor a un grupo de personas atraídas por la investigación de los fenómenos paranormales (especialmente del espiritismo) y del estudio gradual del ocultismo oriental. De esta manera, el 7 de septiembre de 1875, H.P. Blavatsky, Henry S. Olcott y William Q. Judge fundaron en Nueva York la Sociedad Teosófica, que constituyó un importante hito en la historia del esoterismo occidental.

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La joven sociedad aún no tenía un rumbo y una doctrina totalmente clara, y para ello -dos años más tarde- Blavatsky escribió su obra “Isis sin Velo” que constituye el prólogo de su obra culminante: “La Doctrina Secreta”, publicada recién en 1888.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

Para conocer los detalles de la fundación de la Sociedad Teosófica, hay varios libros que pueden ayudar:

“Historia de la Sociedad Teosófica” (“Old Diary Leaves”) (1895, tomo I), escrito por uno de los fundadores (Henry Olcott), especialmente el tomo I. Esta obra apareció originalmente en entregas mensuales de la revista “The Theosophist” desde Marzo de 1892 hasta Diciembre de 1906.

“H.P. Blavatsky: una mártir del siglo XIX” (1924) del teósofo español Mario Roso de Luna que -con su particular estilo- escribió una interesante biografía de su Maestra. Véase el capítulo XVIII “H.P.B. funda la Sociedad Teosófica con sus discípulos de primera hora”.

“Helena Petrovna Blavatsky: La extraordinaria vida e influencia de Helena Blavatsky, Fundadora del Movimiento Teosófico Moderno” (1993), una prolija investigación biográfica escrita por Sylvia Cranston (Anita Atkins). Véase el capítulo “Nacimiento de un Movimiento”.

Manuscrito del programa original de la S.T., tomado de los “Collected Writings”, una compilación de artículos de Blavatsky realizada por Boris de Zirkoff (7:145-171).

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Arriba: Actas de la primera reunión de la Sociedad Teosófica en Nueva York, el 8 de septiembre de 1875.

La fundación se realizó exactamente en el departamento de Blavatsky ubicado en: Irving Place, 46, Nueva York. Ver cómo luce el lugar hoy en día. 

El 17 de noviembre, el Coronel Olcott presentó su discurso inaugural como primer presidente de la S.T. en el Mott Memorial Hall, 64 Madison Avenue, Nueva York. Ver cómo luce el lugar hoy en día.

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Arriba: Mott Memorial

 




ABC para abordar a Helena Blavatsky

La controvertida escritora rusa Helena Petrovna Blavatsky (HPB) puede considerarse, junto con Eliphas Lévi, la impulsora del moderno esoterismo occidental. Viajera incansable, fundó en 1875 la Sociedad Teosófica en Nueva York junto a Henry Steel Olcott y William Quan Judge.

Aunque su obra más importante es “La Doctrina Secreta” (The Secret Doctrine, 1879), nadie que esté en su sano juicio comenzaría el estudio de la Teosofía Blavatskiana con ese libro. Por eso hemos creado este breve artículo con los libros que consideramos el A-B-C para comprender a Blavatsky sin recurrir a otros autores (lo cual sería perfectamente válido y que contemplaremos en próximos artículos).

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

Oscura, barroca y en ocasiones impenetrable, el acceso al canon de HPB necesita de una “llave” y esta llave (clave) es “La Clave de la Teosofía” (The Key to Theosophy, 1889), una de sus últimas obras, escrita en forma de preguntas y respuestas, conteniendo una síntesis bastante accesible de las enseñanzas teosóficas.

Como un complemento de esta obra introductoria, puede ser aconsejable estudiar un texto corto titulado “Ocultismo práctico” (Practical Occultism) publicado en 1948 por Kier. Sin embargo, los blavatskianos fundamentalistas como Carlos Cardoso Aveline advierten que una sección de este libro (“Insinuaciones prácticas para la vida diaria”) no pertenece a Blavatsky sino a sus sucesores. Véase el artículo de Cardoso Aveline.

Dejando de lado las obras de ficción que escribió Blavatsky (“Por las grutas y selvas del Indostán”, “Narraciones ocultistas y cuentos macabros” y “El país de las montañas azules”) otro libro que podríamos considerar como básico para conocer los fundamentos del pensamiento teosófico de fines del siglo XIX es el clásico “Isis sin velo” que -aún escrito en un estilo bastante intrincado- es un paso previo necesario antes de sumergirse en “La Doctrina Secreta”.

Blavatsky escribió numerosos artículos de temáticas diversas que fueron magistralmente compilados por Boris de Zirkoff, y que no cuentan con una traducción oficial al idioma castellano, aunque en los últimos años un esforzado grupo de estudiantes de Teosofía y simpatizantes de HPB (organizados por el incansable José Rubio Sánchez) se ha empeñado en traducir tomo a tomo estos escritos recopilados (Collected Writings).

No podemos olvidar en este resumen la obra  “La Voz del Silencio”, transcrita por HPB del “Libro de los Preceptos de Oro” del Tibet, aunque para abordar su estudio se requiere el manejo de ciertas claves y conceptos que solamente podrán conocerse con un estudio pormenorizado de la filosofía oriental y la teosofía blavatskiana.

Resumiendo, el A-B-C para estudiar a Helena Blavatsky podría ser el siguiente:

a) “La Clave de la Teosofía”
b) “Ocultismo práctico”
c) “Isis sin velo”

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Política y esoterismo

Las dificultades inherentes en el potencialmente ilimitado campo de la política, combinada con la complejidad de la definición de esoterismo, requiere una definición del método de enfoque aquí usado.

Este incluye ambos, una reflexión acerca de las instituciones desde el punto de vista de la filosofía política, que deja abierta la cuestión del estatus legal de los grupos esotéricos, y una antropología de la política incluyendo sus campos de representación y sus variaciones en el espacio y el tiempo. Otra dificultad seria yace en la confusión inconsciente o deliberada entre lo esotérico y lo religioso, lo cual es de hecho una prolongación, en este aspecto en particular, de la interferencia y los conflictos entre política y religión.

En términos históricos, los elementos de estos tipos de relaciones ya se habían conformado en la antigüedad de la Grecia clásica y en el mundo de los profetas bíblicos. Después, los cambios en la conciencia religiosa Occidental en el Renacimiento y la emergencia de la política en el sentido moderno, favoreció las especulaciones de una forma esotérica de legitimidad del poder. En la era de la Ilustración y la Revolución Francesa, el eclipse de la participación del clero en el poder político, e incluso en algunos países su eliminación, dio lugar a nuevas necesidades de unidad y de búsqueda de sentido, los cuales prometía satisfacer el esoterismo ambiciosamente. Ligado al establecimiento de la democracia en los siglos XIX y XX, la relación entre el esoterismo y la política ha evolucionado en el mundo contemporáneo junto a la globalización. Esta evolución ha ido de la mano de la imaginación científica y religiosa.

Esta transición a la ciudadanía (politeia) en Atenas ocurrió en simbiosis con la sociedad familiar y tribal original; Aristóteles en su Ética a Nicómaco presenta al hombre como “naturalmente” político, y Platón creía encomendada al filósofo la misión de re-descender a la caverna para transmitir los modelos divinos que son inaccesibles a los hombres ordinarios. Así las prácticas de las religiones de misterio y de las iniciaciones fueron juntas con la aparición de la democracia, al igual que la interpretación de los signos dados por la Pitonisa en Delfos para la fundación de nuevas colonias ligó la estrategia política de las ciudades Griegas a un tipo de especulación con rasgos esotéricos. No es sorprendente que en el ambiente mesiánico intelectual del Mediterráneo durante la era Helenística, Philo de Alejandría clasificó las artes políticas como pertenecientes a la magia y relacionó a hombres de estado con magos y hechiceros (Tratado De somniis, 2-39).

Con excepción de aquellos que encarnaron el nuevo modelo divino en la tierra, y cuyas figuras se encuentran en las Escrituras (Salomón, y más especialmente Melquizedec, el misterioso Rey de Salem, sin padre, madre o descendencia, la garantía por la legitimidad de Israel, a quién Abraham pagó su diezmo en el Génesis 14:20), las actitudes de los exégetas Judíos y de los Padres Cristianos permaneció muy similar en este punto. El comentario de Moisés Maimónides en la edad media sobre la Torá, en su Guía de Perplejos (2, 93), contrastó los regímenes políticos resultantes, por ejemplo, de las “leyes de los Griegos” con las encontradas en las palabras de los profetas. Sin embargo, ciertas dudas concernientes a la autenticidad del aviso que llegó a través de la “voz del cielo” dio cabida incluso en las Escrituras a la adivinación y a los magos, como testifican alrededor de veinte referencias bíblicas. La reanudación de la prohibición, que prueba la continuación de la práctica, y la consulta a la Bruja de Endor por el Rey Saúl (I Samuel 28:7) son ejemplos: “Buscadme a una mujer con el don de la adivinación…”. La confirmación por parte de las “artes ocultas” (expresión de Maimónides) del decreto de los cielos de abandonar a Saúl las dota de cierta legitimidad: fue de hecho el fantasma de Samuel el que apareció. Con la separación de poderes, la edad media heredó de la antigüedad la incertidumbre sobre el límite entre sus respectivos dominios: al soberano como imagen del modelo divino le correspondió la autoridad del Estado como la fundación de la ley canónica pontificia.

La legislación religiosa pontífica establecida en el Decreto de Graciano (1140) se basó más en la ley Romana que en la Biblia. La especulación esotérica como método de conocimiento capaz de establecer un puente entre estos dos dominios tomó de forma gradual una importante participación. Ya estaba presente en los discursos de las profetisas visionarias como Hildegarda de Bingen, quien extrajo sus enseñanzas de su acceso al “lenguaje primordial” libre de cualquier misticismo, y fue escuchada por príncipes y papas durante el conflicto que los opuso al Imperio, especialmente a Federico Barbaroja (1122 – 1190). La emergencia de la Europa medieval tardía de estados fundados sobre bases jurídicas favoreció la especulación de estas profetisas, quienes aconsejaban a los soberanos. Con el monje Cisterciense Joaquín de Fiore, el comentario al texto del Apocalipsis tendió a integrar elementos de tipo esotérico, especulaciones aritmológicas, y exégesis de los signos para reconocer al Gran Monarca y al Papa Angélico que marcarían la llegada de la cuarta era. Esta validación del tiempo por medios de una historia secreta estuvo entre los factores que sentaron las bases del Renacimiento, y los innumerables comentarios de Joaquín siguieron la misma dirección.
En el tiempo del Renacimiento, la emancipación de la moralidad religiosa se acentuó (el Príncipe Maquiavelo es significativo a este respecto), y la política se consideró en adelante un arte, abriendo al pensamiento esotérico la herencia de una visión global del mundo y de un vínculo con lo absoluto. Tommaso Campanella, en “La Ciudad del Sol” (1599), asoció la cuestión de la unión de las iglesias y de la realización de la “ley natural” bajo el cetro del Rey de Francia con cálculos concernientes a la colisión entre el sol y la tierra. Incluso en la era del clasicismo, el argumento de “El Paraíso Perdido” de John Milton (1667) relacionó la caída y el pecado original con un cambio en el eje de la tierra. Además, las guerras religiosas confirieron un nuevo vigor a la especulación esotérico-política. En “La Cena del Miércoles de Ceniza” (1584) Giordano Bruno identificó a Isabel I de Inglaterra con La Virgen de la Era Dorada a la cual le fue prometido el imperio universal: sin duda un poder místico, pero uno cuyo ejercicio y enfoque estaban basados en un proceso intelectual. Del mismo modo, los lirios de los ejércitos reales de Francia, según Guillaume Postel, se remontaban al simbolismo bíblico e hicieron de Francisco I una figura universal de la monarquía. El arte de la política, frente a la cuestión del sentido, de igual modo encontró un nuevo tipo de expresión, notablemente después de 1516 con la Utopía de Thomas More. Pero fue en los Manifiestos Rosacruces los que fueron más significativos al asociar los temas de transmisión secreta y de oriente como una fuente de conocimiento con prácticas mágicas y alquímicas, en la historia del viaje iniciático de Christian Rosencreutz. La influencia de la Fama Fraternitatis (1614), seguida por una Confesión (1615), y por Las Bodas Químicas de Christian Rosencreutz (1616), fue considerable en el mundo Germánico del Santo Imperio Romano durante la Guerra de los Treinta Años. El autor principal, J. Valentin Andreae, fue un luterano, que estudió teología en Tübingen y buscó un héroe destinado a dirigir la Unión Evangélica. El príncipe Calvinista Cristian de Anhalt (1568 – 1630) le pareció capaz de asumir este rol, pero esta identificación cambió en los textos Rosacruces como circunstancias alteradas. En la Inglaterra Isabelina, uno de los inspiradores de Andreae, John Dee, autor de Monas Hieroglyphica (1563) dedicada al Emperador “liberal” Católico Maximiliano II de Habsburg, prestó su talento como astrólogo al servicio de su soberano; Michael Maier sirvió a Rudolf II (1552 – 1612) en Praga, etc.

En el siglo XVIII, la influencia Rosacruz pronto formó parte del movimiento de la Libremasonería, siendo integrada en los varios sistemas de altos grados; fue siempre muy evidente en Europa, particularmente entre el séquito de Federico el Grande de Prusia (1712 – 1786), con el rol de Bischffswerder (1741 – 1803) y de la Gold-und Rosenkreuz (Rosacruz Dorada). El Rey había presentado una visión unitaria del mundo en su Anti-Maquiavelo de 1739: “Si uno desea razonar justamente en el mundo … uno debe volver al origen de las cosas de forma que pueda saber, en la medida que se pueda, los primeros principios”. Esta declaración es significativa del rol que las instituciones masónicas pueden haber desempeñado en las grandes transformaciones de Europa durante la Ilustración, como campo de debate escogido entre la conquista de la razón y varias formas de Iluminismo teosófico.

Tras los dramas de las guerras revolucionarias, las vías de pensamiento esotérico contribuyeron enormemente a la formación de nuevos sistemas intelectuales que presidieron sobre el difícil nacimiento de la democracia y un amanecido “sentido de la historia”, expresado igualmente en nuevos formatos. El término “ésotérisme”, de origen aprendido, apareció primeramente en Francia (1828) y poco después en las principales lenguas Europeas; algo después vino “occultisme” dos términos ilustrando el deseo de crear un legítimo marco intelectual en oposición con la ciencia por un lado, y las iglesias opresoras por otro. Políticamente hablando, el pensamiento esotérico ha sido usado en el sentido romántico de una vuelta al pasado, a los orígenes, contra la modernidad, así como siendo progresista en el sentido de esperar el cumplimiento de las profecías. Mientras Joseph de Maistre especuló sobre el sentido escatológico de las pruebas en su tiempo en Les soirées de Saint-Petersbourg (St. Peters-burg evenings, 1821), los primeros socialistas estaban esperando la Era del Espíritu, de Richard Owen (1771 – 1858) a Pierre Leroux (1797 – 1871, uno de los primeros en emplear el término ésotérisme) y Saint-Simoniens de Enfantin (1796 – 1864) quien estuvo preparando la llegada del Mesisas Femenino. Eliphas Lévi, el maestro e inspirador del ocultismo en la segunda mitad del siglo XIX, fue activo en la revolución de 1848 y alzó a Napoleón a la estatura de Mesias social; al igual que Maistre, Lévi pensaba que las profecías desde la Antigüedad se realizarían en el siglo XIX, en el momento en que su significado esotérico se volviese evidente. En el mundo occidental como un todo, hubo una aparente contradicción entre el progreso del debate público esencial para el nuevo ciudadano democrático, y el crecimiento de nuevas e influyentes sociedades secretas, preparando en las sombras los tiempos que habrían de venir. La teoría de las ciencias ocultas, preservada en el secreto de los santuarios, fue una clave esencial para explicar el retraso de la venida del Espíritu, del cual la democracia era considerada la forma social invisible. La falta de educación de la gente explicó el retraso, pero gracias al progreso, las verdades salvaguardadas “bajo el celemín” aparecerían a la luz del día.

Esta nueva visión de relación entre el pasado y el futuro dominó las visiones políticas de Madame Blavatsky y Annie Besant como líderes sucesoras de la Sociedad Teosófica. Para Blavatsky se refería a las relaciones entre Oriente y Occidente durante el periodo colonial; para Besant, la función mesiánica de la mujer. La misma actitud sirvió de base también a los constructos mentales de la masonería, concebidos como los laboratorios secretos del mundo del mañana. En los países Latinos fueron a menudo revolucionarios, con los Carbonarios Italianos luchando por la unidad nacional, o la “Charbonerie” Francesa conspirando contra el poder real. En Gran Bretaña y Alemania se opusieron activamente al “establishment”, como por ejemplo las organizaciones para-masónicas de la Orden Hermética de la Aurora Dorada y la Ordo Templi Orientis. En EE.UU. el éxito de los movimientos Rosacruces comenzando con Paschal Beverly Randolph también estuvo marcado por esta doble cara, vuelto como Jano hacia el pasado y el futuro.

Una serie de nuevos movimientos religiosos, particularmente de la categoría de “Nueva Era”, le deben al esoterismo del siglo XIX la asociación del progreso técnico y humano en un contexto de especulación ocultista. Pero el mismo legado ha incluido también un rechazo de la civilización individualista de Occidente; y mucho más fácilmente desde que la religión Cristiana ha abandonado progresivamente el terreno, dejándolo abierto al esoterismo. Los sistemas totalitarios, aunque no realizaron una función que pueda ser comparada con la asociación del esoterismo y el socialismo en la primera mitad del siglo XIX, parecía que algunos tenían una afinidad natural con el pensamiento esotérico. Aleister Crowley combinó el rechazo de la sociedad Británica con un marcado interés primero en el sistema Estalinista y, a continuación en el Fascismo Italiano de Mussolini, antes de ser expulsado de Cefalu por este último. Julius Evola fue más allá, basando sus esperanzas en la vuelta a la sociedad tradicional del Fascismo, después al Nacional Socialismo.

Mientras Stalin toleraba la presencia de la “Cosmogonía Rusa”, una herencia de la Teosofía, alrededor del físico Sakharov, las S.S. de Himmler se deshicieron rápidamente de las pretensiones esotéricas y místicas de algunos de sus miembros, tan pronto como intentaron ir más allá del papel puramente decorativo.

Un lugar especial debe ser asignado a René Guénon, cuyo rechazo radical del Mundo Moderno (1927) y su conversión al Islam tuvo no menos influencia en las conversiones esotéricas en Europa y Norte América, a través del intermediario del sufismo universalista de Ibn ‘Arabî (1165 – 1240). En el mundo Musulmán, perturbado por la Occidentalización, este ejemplo del Este fomentó una vuelta a las tradiciones indígenas, y en ocasiones a una interpretación fundamentalista de los textos sagrados.

Finalmente deberíamos mencionar la importancia de las denuncias, encontradas a través de la historia, en la relación triangular entre lo político, lo religioso y lo esotérico: la institución política típicamente denuncia la religión esotérica como un culto, mientras la institución religiosa denuncia la subversión del estado por las sociedades esotéricas.

(Artículo de Jean-Pierre Laurant)




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