La concentración: técnica y mística (Manly Palmer Hall)

La concentración: técnica y mística (Manly Palmer Hall)


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A partir de la comprensión del significado esotérico de la postura física como principio de la Ley, debemos proceder ahora a la práctica de la primera de las siete disciplinas operativas. Por conveniencia a esta disciplina la podemos denominar concentración.

Primero es necesario comprender el significado de la palabra en su sentido místico verdadero. Concentración es la reunión total de las facultades de la mente; ello es el logro de la unidireccionalidad de propósito. Cuando usamos la palabra concentración es mejor describirla en las palabras de los adeptos orientales: “El maestro, sentándose, reunió sus vestimentas alrededor de él y entró en samadhi.”

Por “sentándose” se debe entender la postura física o fundamento; por “reunir sus vestimentas alrededor de él” debemos entender que él unió o reunió o atrajo hacia un punto las diversas facultades de la razón. Ésta es, entonces, la verdadera doctrina del medio.

Medita sobre el misterio de la reunión de los atuendos de la sabiduría.

Los patriarcas budistas se distinguían por sus mantos. Los diferentes arhats o maestros de las escuelas usaban capas, siendo distintos los colores con cada orden. El manto del Zen era verde, y Daruma, el arhat del Zen, es representado envuelto totalmente en el pliegue de su manto, un extremo del cual está echado sobre su cabeza para formar la capucha. A los discípulos no se les permitía usar tales mantos ya que eran los símbolos propios de los monjes superiores.

El iniciado pitagórico Apolonio de Tiana, poseía una capa característica de algodón…..

Cuando él deseaba practicar las disciplinas esotéricas, se sentaba en medio de esta capa y la colocaba alrededor de él cubriendo incluso su cara. Mientras estaba así oculto se suponía que él realizaba viajes mágicos a lugares distantes del mundo. Mientras estaba en uno de estos períodos de extensión supra-física sucedió que él vio a gran distancia el asesinato del emperador Domiciano.

Hace tanto tiempo que hemos aceptado los símbolos como realidades que incluso pocos estudiantes preguntan por el significado de las capas mágicas. Éstas, como la alfombra mágica de Bagdad, el anillo mágico de Salomón y el anillo de los Nibelungos, son símbolos de concentración, los recolectores y aglutinadores de las facultades de la mente.

Entonces ¿cómo podemos definir concentración? Como cualquier otra disciplina verdadera, su significado real no puede ser (puesto por) escrito. Éste debe ser percibido interiormente. Debe ser conocido porque la disciplina ha desarrollado dentro del discípulo la comprensión necesaria para su práctica. No es necesario decir que no se requiere de ninguna capa física; el maestro está vestido con ropajes que no son de este mundo. Las características de sus vestimentas físicas por las cuales es conocida su posición en el mundo físico son solo las sombras o los emblemas de sus verdaderas dignidades.

La concentración es apacible, relajada, unidireccional, sin esfuerzo. Está basada y fundada en la realización (comprensión) de la Ley. Ella puede ser interpretada como constancia en un propósito único. Como una vela ardiendo en una noche tranquila, así es la realización ardiendo inalterablemente en medio de la concentración.

Concentración es la continuidad del movimiento espiritual hacia el Uno. En los comentarios del Zohar es descrita así: “El discípulo de los misterios espirituales contempla con perfecta fijeza de atención al rostro de lo Real.”
La práctica simple de la concentración es una disciplina completamente inocua en la medida que se eviten las falsas interpretaciones. Pues existe una gran distancia de comprensión entre la verdadera práctica de la concentración y los conceptos erróneos populares que han ganado una amplia aceptación.

 

PREPARACIONES PARA LA CONCENTRACIÓN

Ninguna disciplina oculta debería ser practicada sin una preparación adecuada. En la práctica, la preparación es de dos tipos. La primera forma se relaciona con el estado general de la vida personal. Es inútil intentar cualquier ejercicio oculto en un medio ambiente contradictorio y caótico. No debemos convertir la actitud de huir de lo mundano en una condición espiritual. La concentración no es un oasis de espiritualidad en un desierto de caos. Cuan a menudo escuchamos a las personas decir: “Mi meditación diaria me da la fuerza para seguir en una vida que de otro modo sería demasiado difícil.” Con tal motivación, el fracaso es inevitable. La concentración no puede ser un incidente en medio de incidentes opuestos. Ella debe estar correlacionada íntimamente al patrón total de vida o no tendrá éxito y el tiempo dedicado al esfuerzo será malgastado.

En la vida del hombre el poder para concentrarse, de acuerdo con el significado místico de la palabra, es evidencia de un creciente equilibrio interno y de la extensión del poder del espíritu a través de la vida tal como ella se vive diariamente. Por eso decimos que la primera parte de la concentración se relaciona con el patrón general del grado de comprensión del discípulo.
La segunda parte de la preparación es aquella parte que precede inmediatamente a la práctica real de la disciplina. Por un corto tiempo immediatemente previo al período dedicado a la concentración, la mente debería estar en una condición de reposo y debería haber una completa relajación física – no necesariamente ociosidad, sino que una ausencia total de tensión Sentarse en medio de la confusión e intentar en tal condición de bloquearla en forma brusca y forzada mediante una postura física es irracional y poco filosófico.

Es por esa razón que el maestro primero “se sienta.” En estas pocas palabras existe un gran misterio para aquellos que puedan comprender.

 

SÍMBOLOS DE CONCENTRACIÓN

Las órdenes sacerdotales de la antigüedad y las instituciones místicas del Asia moderna están en perfecto acuerdo en cuanto al uso de diversos objetos sagrados en la práctica de la concentración. Pitágoras enseñaba a sus discípulos a meditar sobre el misterio del tetractys, un arreglo triangular de diez puntos. Él también aconsejaba a todo pitagórico auténtico a dedicar tiempo a la realización (comprensión) de la sacralidad propia del dodecaedro o sólido simétrico de doce caras. Plutarco en su Misterios de Isis y Osiris afirmaba que los egipcios ocultaban dentro del adyta de sus templos formas y patrones geométricos misteriosos, cuya contemplación inspiraba hacia una proximidad con los dioses. Teón de Esmirna, el matemático, propugnaba que la Deidad se alcanzaba como estado a través de la contemplación de patrones de números de acuerdo con una progresión regular. Una parte importante del arte y arquitectura religiosa perteneciente a los viejos cultos de misterios estaba realmente involucrada en la práctica de sus disciplinas de contemplación. Cuando así se comprendía, los viejos símbolos tomaban una nueva dignidad y un significado más rico.

El lama moderno hace uso de varios instrumentos simbólicos en la realización de sus rituales místicos. Éstos incluyen el dorje o doble trueno, la daga ceremonial, el cuenco, un pequeño tambor doble, el mandala, la rueda de oraciones y la tanka. A estos objetos se debe sumar las elaboradas imágenes que adornan el panteón tibetano.

Cada una de las divinidades representadas está pintada en ciertas posturas y realizando ciertas acciones. Para el iniciado cada una de estas sutiles variaciones tiene un significado esotérico especial.

Entre las fórmulas de concentración de los taoístas chinos, la palabra Tao misma ocupa el lugar principal. El siguiente en importancia es el símbolo ying-yang, que representa el equilibrio de los polos positivo-negativo. Les sigue en importancia el patrón de trigramas, grupos de líneas enteras y quebradas de los cuales se reconocen ocho combinaciones primarias y sesenta y cuatro secundarias. El comentario de Confucio acerca de los misterios esotéricos de las fórmulas de los trigramas se mantiene en la más alta veneración.

La caligrafía contribuye a los símbolos de concentración tanto del chino como del japonés. Los caracteres escritos involucrados que personifican ciertos principios de forma, línea y ritmo son considerados como especialmente eficaces. Pinturas, esculturas y frescos Religiosos, adornan la mayoría de los templos orientales. Ellos son parte también de la vida religiosa del devoto. Las pinturas más ampliamente admiradas son el trabajo de sacerdotes que ejecutan diseños simbólicos mientras están en estado de meditación…

Todas las obras meritorias de artistas y artesanos se consideran como que poseen el poder de estimular la realización interna.
Tal es la doctrina exotérica en cuanto a los símbolos de concentración. Incluso algunas de las sectas más místicas aceptan la santidad literal de estos objetos. No obstante, para nuestros propósitos debemos buscar más profundamente por el verdadero Tao, es decir por la Vía recta a la comprensión de los símbolos sagrados.

Cada uno de los emblemas simboliza y representa en forma figurada una función de la mente, una condición del Yo o una expresión de la voluntad. Ellos son, por lo tanto, imágenes o formas físicas de las fórmulas invisibles de verdades, virtudes o estados. Por verdades queremos decir realidad; por virtud, la semejanza al hecho y por estado, el nivel o grado de proximidad a la realidad. Aquí nuevamente, solo la realización propia puede distinguir claramente entre términos que en el uso popular han sido aceptados como sinónimos prácticos. En el misticismo todos los significados son sutiles y los más sutiles son los más cercanos a la verdad.

Cuando se escribe que el maestro recoge el dorje, significa que él está aferrando el poder universal dentro de su consciencia, equilibrando las energías cósmicas mediante el proceso de concentración. Cuando él alza la daga, está cortando el vínculo del sentimiento. Cuando el sostiene el cuenco, él es receptivo al influjo de lo universal. Cuando él da vueltas a la rueda, él está girando las verdades de la causa y efecto en el eje del Yo. Así es con cada instrumento a su vez. No es necesario ni está implicado ningún símbolo real o físico. Lo tangible permanece tal como siempre debe ser, solo como clave o indicio para el misterio de lo intangible. Para el no iniciado muchas de estas verdades deben permanecer oscuras y sin sentido. De este modo los secretos se protegen a sí mismos por su propia naturaleza y no pueden ser profanados por el indigno. Aquellos que no tienen ojos para ver, no tienen la destreza para su uso o el poder para su abuso.

 

LA MAGIA DEL MANDALA

El mandala es una clase de cuadro o diagrama sagrado, generalmente simétrico y geométrico, más bien que artístico. El tamaño es de poca importancia y los colores aunque a menudo tradicionales varían considerablemente. El arreglo completo puede tener básicamente la forma de loto y los compartimentos o pétalos simbólicos pueden estar ornamentados con letras o números en chino, tibetano o sánscrito. Exotéricamente el mandala es una especie de mapa del universo que representa la forma simbólica del mundo, de los cielos, de las moradas paradisíacas o las partes simbólicas del cuerpo humano.

Mientras que las formas convencionales del mandala se reconocen a través de toda Asia, varias sectas han creado claras desviaciones del modelo tradicional. Sólo un discípulo avanzado totalmente familiarizado con las disciplinas místicas puede identificar con certeza todos los tipos de mandala. Además, él solo puede discriminar entre la formulas auténticas del templo y las reproducciones comerciales que son preparadas para engañar y explotar al turista por vendedores de arte inescrupulosos.

El famoso Abate Huc fue apartado de su orden por su iglesia como resultado de los artículos que publicó acerca de ciertos rituales mágicos practicados en lo más profundo de Asia. Entre otras interesantes observaciones, el docto abad comentó acerca de un mandala pintado que el descubrió en uno de los templos. Entre los diseños sobre la pintura había una figura que representaba la luna. El símbolo pintado, de acuerdo con su artículo, cambiaba sobre el lienzo, exactamente de acuerdo con las fases de la luna en el cielo.

Existe a disposición una literatura considerable en el Lejano Oriente que explica dichas pinturas mágicas a aquellos capaces de comprender Por ejemplo, está la leyenda del monje budista que pintó el portal de Sukhavati, la puerta al cielo occidental de Amitabha mientras estaba en un estado de éxtasis meditativo. Habiendo terminado su obra maestra, colgó la pintura en seda sobre la muralla de su celda. Un día mientras estaba en meditación profunda, se levantó, entró en la pintura y cruzó el portal que él mismo había pintado y desapareció para siempre. Había alcanzado el nirvana.

¿Cómo podemos interpretar esta leyenda? Si dependemos solo de las facultades de la mente, la historia parece extraña y absurda. Sin embargo, si poseemos el poder de contemplar el verdadero misterio de la leyenda, ella se convierte en una alegoría sublime. El monje meditante es el Yo aprisionado dentro de la forma humana que representa las limitaciones de la mente mortal. El cuadro es la visualización del “camino medio,” el tao. La pintura representa un portal o puerta porque verdaderamente es el “camino”. Habiendo visualizado y participado por medio de la concentración en el misterio del recto “camino”, el discípulo es capaz de alcanzar el fin el cual, como el camino, también es tao. Él realiza la Verdad a través de su propia realización y se convierte en uno con aquello que él había realizado. La concentración es la puerta de entrada a lo Real, el puente construido con la materia sutil de lo percibido internamente. Quién construye el Puente puede cruzarlo para identificarse con lo que él ha construido.

En algunas de las escuelas orientales a los discípulos jóvenes se los pone a la tarea de concentrarse diariamente en los patrones del mandala. Luego se los interroga en cuanto a los resultados que han alcanzado. Generalmente la primera experiencia es la sensación que los patrones se mueven. Si el mandala es semejante a una rueda, éste parece girar, primero lentamente y después con una velocidad que se incrementa gradualmente hasta que los colores se mezclan y parecen convertirse en discos de luz giratorios…..

El logro de tales resultados requiere de muchos meses – algunas veces de años – de concentración diaria

En la etapa siguiente, el fondo de la pintura, la pared sobre la que cuelga y todos los otros objetos que lo rodean desaparecen lentamente, y el disco giratorio se ve suspendido en el espacio mantenido sólo por el poder de la concentración.
En la tercera etapa, el discípulo al concentrarse siente reunidos a sí mismo con el disco dibujado, experimentando la sensación de fluir dentro de un vórtice de poder luminoso. Cuando se alcanza esta condición, el discípulo debe recurrir a su maestro por ayuda antes de seguir más adelante. Él está en la bifurcación de los caminos. Un error en este punto puede anular todo el trabajo de años de esfuerzo.

El maestro interroga entonces al discípulo en relación a lo que él ha descubierto mediante el giro del disco. El propósito del interrogatorio es averiguar si la concentración es esencialmente visual o verdaderamente mística. Si solo es visual, el símbolo es olvidado, de otro modo los resultados están a un paso de la idolatría. Metafísicamente, la idolatría significa confundir el símbolo por lo Real y adorar al símbolo como la Realidad. Si la experiencia del discípulo ha sido ante todo algo mecánico y él ha visto el disco giratorio tal como él podría contemplar un objeto fuera de sí mismo, él ha fallado

Su concentración debe haberle ocasionado el EXPERIMENTAR la rueda. Él debe haberlo encontrado como valor antes que como forma. Debe ser una rueda viviente, la Ley misma en movimiento. El maestro, por lo tanto, pedirá una explicación del verdadero significado del mandala giratorio. Si el discípulo responde que lo sabe pero que no puede explicarlo, el maestro estará satisfecho si el ve en el ojo del discípulo la luz del poder del alma y percibe en cada gesto la fuerza despertadora de la realización Mediante ciertos medios ocultos de penetración, el maestro puede estimar exactamente el avance que se ha hecho. Si éste es satisfactorio, se da una instrucción exacta y al discípulo se le pide continuar. Se le entrega el trueno y se le pide romper la rueda. Él debe destruir el patrón de su propia concentración y debe hacer esto mientras esté bajo concentración. Más allá de este punto no pueden ir las palabras.

Por lo tanto, para el novicio, la clave es ésta: la concentración es la visualización mental de la Ley a través de formas mágicas o transcendentales. La Ley es descubierta en la forma. No obstante, la forma misma debe ser rota. La Ley no tiene forma. Ella puede ser encontrada a través de la forma pero nunca en la forma. Todas las formas, tangibles e intangibles, revelan a la Ley. Pero ¡desdichado aquel que intente atrapar la ley en la red de la mente! Tal es la introducción a la magia del mandala.

 

EL CUENCO DEL MENDICANTE

El símbolo principal del discipulado es el cuenco (del) mendicante. Esta vasija circular de bronce o arcilla era el distintivo de la mendicidad, el emblema de la no posesión. Pero por ello, no debiera inferirse indigencia moral. Como las otras reliquias sagradas del arhatado, se la debe entender como una experiencia de la consciencia. El motivo arquitectónico principal de la pagoda Shwe Dagon, uno de los santuarios Budistas más impresionantes de todos, es un cuenco de mendicante invertido. La inversión misma del cuenco para el relicario del adepto liberado indica uno de los secretos universales más profundos.

La búsqueda de la verdad es una experiencia de la parte que busca la totalidad. Es una disciplina de aceptación. Verdaderamente no buscamos la Verdad, aunque el término buscar es lo mejor que conocemos. Nosotros aceptamos, recibimos, a pesar de todo no encontramos Todo lo que vive y existe otorga algo. La Realidad está por siempre fluyendo en y a través de todo lo que es. El cuenco es un símbolo de la capacidad mental para recibir. Por eso el budista devoto puede aceptar en él solo lo que es necesario para un único día y nada más que alimentos. El arroz es el pan de Asia. El cristiano en su plegaria exclaman: “El pan nuestro de cada día dánosle hoy.” El místico budista ni siquiera pide. El porta el cuenco y aquellos que sienten dentro de sí el impulso de la buena Ley compartirán su arroz con él.

Cuando se ofrece el alimento, el mendicante no puede rehusarlo. Se cuenta del Buda Gautama que en su último día sobre la tierra, un pobre campesino a causa de la generosidad de su corazón puso una porción de su comida dentro del cuenco del Buda. Debido a la pobreza del donante, el alimento estaba echado a perder. Pero el Iluminado lo recibió y volviéndose a sus discípulos les anunció que había llegado el momento para su partida de entre ellos. Luego, sabiendo que la comida estaba contaminada pero que era lo mejor que el pobre hombre tenía para dar, él gravemente la comió y murió como resultado de ello un corto tiempo después.

No es necesario decir que la historia es alegórica, pero el significado es perfectamente claro. Recibir la Ley es ser alimentado. A través de todo lo que vive la Ley nos es traída y, en cualquier caso y bajo cualquier circunstancia, podemos recibir la Ley y lograr la liberación. Las experiencias del día, los problemas de la vida, karma y dharma, todo debe ser aceptado dentro del cuenco siempre abierto de la consciencia. No se permite ninguna cosa menos que comida, pero ¿quién indicará lo qué es y lo qué no es alimento? Al final, la experiencia es perfeccionada en la Ley. Aquel que ha logrado la liberación da vuelta el cuenco. Cuando la Ley es perfeccionada, entonces el tiempo de recibir ha pasado. Hasta entonces el monje en su hábito amarillo vaga de un lado a otro del mundo llevando el cuenco.

 

LA PRÁCTICA DE LA CONCENTRACIÓN

Lea varias veces – atentamente – esta sección prestando especial atención a los posibles significados dobles. Éstos no siempre se pueden señalar o la propia disciplina va a fracasar.

La práctica de la concentración debiera ser limitada a un breve lapso de tiempo dando atención especial a la regularidad y continuidad. No es aconsejable que el discípulo deba concentrarse por más de cinco o diez minutos a la vez, o más de una vez al día. La Verdad es eterna. Si la realización no puede ser alcanzada mediante la regulación, la extensión de la disciplina no tiene valor. Por esta razón aconsejamos un período de cinco minutos cada día, número asociado místicamente con el control de las percepciones de los cinco sentidos. Tanto las mañanas como los anocheceres son momentos adecuados. Las partes medias del día o de las noches son menos favorables, especialmente en el caso del novicio. Día y noche son ying y yang; el medio camino entre ellos son los momentos adecuados. Habiéndose seleccionado el momento, el lugar y la silla, luego se deberá lograr el estado de ánimo propio.

Los poderes de la atención deben ser reunidos ahora mediante una técnica simple, directa sin esfuerzo. Bajo ninguna condición la mente debería dejarse en blanco. Ni debería el discípulo esperar ilusamente por pensamientos que piensen por sí mismos. Es demasiado pronto para que la Ley fluya con las formas. El artista primero debe pintar su cuadro de la Ley.

Elije un símbolo apropiado. Este símbolo será tu mandala y el cultivo de éste requerirá de un tiempo considerable en la mayoría de los casos. No te descorazones si toma muchos meses aclarar este símbolo. No cambies los símbolos en forma frecuente, y nunca abandones un diseño por otro hasta que se haya encontrado la Ley.

El símbolo puede ser un objeto, un ideal o un patrón, pero debe ser capaz de alguna definición, es decir, debe ser perceptible para la mente si no para los propios sentidos. Las virtudes abstractas como bondad, amabilidad o generosidad (altruismo), no son adecuadas en sí mismas como símbolos de concentración. Por esta razón es que en las escuelas orientales se representa todo (lo referente a) las virtudes. El Budismo está personificado por el Buda, personificación, él mismo, de todas las virtudes abstractas de la doctrina. En el cristianismo, la perfección de la virtud Cristiana está representada progresivamente en la vida, sacrificio y muerte de Jesús el Cristo.

El maestro no es la Ley, sino que da testimonio de la Ley. En la concentración el discípulo no puede concentrarse directamente en la Ley sino que sobre algunos patrones o imágenes que dan testimonio de ella. Pero ¡ay de aquél que confunda alguna vez la imagen con Aquello que es imaginado!

Con frecuencia es aconsejable obtener el patrón de concentración a partir de una fase de la propia vida que sea gráficamente significativa. Se ha advertido que a menudo los hombres encuentran la Verdad de acuerdo con la inclinación de sus gustos. Para el estudioso sus libros son sagrados. Para el artista, las leyes y cánones del arte representan su enfoque natural para el descubrimiento de la Ley. El matemático avanzado encuentra a Dios en los números y el astrónomo halla la Verdad en las estrellas.

Elige, por lo tanto, como primer patrón para la concentración alguna forma o dispositivo que ya haya probado ser una inspiración y que te haya producido algún grado de realización. Así a través de la puerta de lo conocido pasas natural y normalmente a la presencia del Conocedor.

No existe ninguna restricción general impuesta a la selección del tema mismo. Si has encontrado mérito en él o has ganado mérito a través de él, es apropiado. A título de ejemplo supongamos que somos amantes de la naturaleza. Que hemos encontrado inspiración y fuerza en contacto con las cosas en desarrollo. Que hemos encontrado la ley del crecimiento. Nosotros no podemos concentrarnos en el principio abstracto del crecimiento. Por lo tanto seleccionemos una cosa en desarrollo como símbolo del crecimiento, teniendo siempre en mente que no estamos limitando el crecimiento en sí sino que sólo particularizándolo de modo que permanezca dentro de los límites de la comprensión humana. De esta forma escaparemos de la vaguedad e indefinición, abstracciones que a su vez nos llevarían sólo a implicancias y trivialidades.

De las cosas en crecimiento que podemos seleccionar, un árbol es una de las más nobles y de las más complicadas y al mismo tiempo la más simbólica, de todas las formas del reino vegetal. El árbol es especialmente adecuado porque desde tiempo inmemorial ha sido usado como base para diagramar muchas formas del conocimiento humano. En viejos impresos y manuscritos encontramos árboles de la ley, árboles de medicina y árboles de religión. Las razas se representan frecuentemente en forma de un árbol y sus ramas. Varias de las filosofías antiguas han representado el universo entero en forma de árbol.

Reflexiones sobre temas como éstos son un prólogo adecuado para la concentración propia. Ésto postula la comprensión de la magnitud y recuerda al intelecto la universalidad del símbolo seleccionado.

En la carta siguiente continuaremos con la discusión de la concentración, pero por el momento es suficiente que se decida sobre un tema simbólico adecuado.

 

LA REALIZACIÓN

En esta carta en particular, el tema total es apropiado para la realización. La idea fundamental debiera ser: Traspasar (penetrar más allá de) la forma. Aprender a reconocer que todas las ideas son esencialmente sin forma, pero perceptibles interiormente como manifestaciones de la Ley.

Cuando lees libros, cuando escuchas las enseñanzas, cuando contemplas la sabiduría antigua, traspasas la forma. Recuerda las palabras de Maimónides: “Debajo del cuerpo de la Ley está el alma de la Ley; y debajo del alma de la Ley está el espíritu de la Ley.” Busca el espíritu de la doctrina. No aceptes nada menos.

En todo lo que te ocurra como incidente o circunstancia, reconoce los símbolos de lo sin forma. Comprende que todos los cuerpos físicos visibles y todo lo tangible, las formas concebibles del conocimiento son realmente las franjas multicolores sobre el manto del Infinito.

Recuerda la inscripción en el templo de Sais en Egipto: “Yo, Isis, soy todo lo que ha sido, lo que es o será; ningún mortal me ha quitado nunca el velo.” Reconoce al mundo como el velo y entiende que aquel que entra al interior de lugar oculto debe rasgar el velo del templo de arriba a abajo. Con la espada de la comprensión (perspicaz) traspasa el velo y encuentra la Ley.

Sinceramente Tuyo.

Manly Palmer Hall




 

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