El Iniciado Egipcio (Manly Palmer Hall)

El Iniciado Egipcio (Manly Palmer Hall)


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Han transcurrido muchos siglos desde que el Rey Sacerdote Egipcio pasó por los pilares de Tebas. Siglos antes del hundimiento de la Atlántida, miles de años antes de la Era Cristiana, Egipto era una tierra de grandes verdades. La mano de la Gran Hermandad Blanca se extendió al Imperio del Nilo, y los pasajes de la antigua pirámide resonaban con los cantos de los Iniciados. Fue entonces cuando el Faraón, ahora llamado mitad humano, mitad divino, reinaba en el antiguo Egipto. Faraón es la palabra egipcia para el rey. Muchos de los faraones posteriores fueron degenerados y de poca importancia. Sólo los primeros faraones que actualmente listamos estaban entre los Reyes Sacerdotes.

Trata de imaginar por un momento el gran Salón de Luxor – sus columnas que sostienen las cúpulas de granito sólido, cada columna tallada con las historias de los dioses. Allí, al final de la cámara estaba el Faraón del Nilo, con sus ropas de estado; a su alrededor sus consejeros, entre ellos el sacerdote del templo. Era un espectáculo imponente: el gigantesco cuadro del último Atlante, vestido con oro e invaluables joyas; sobre su cabeza la corona del Norte y el Sur, el imperio doble de los antiguos; en su frente la serpiente enroscada del Iniciado, la serpiente que fue levantada en el desierto, y que todos los que la miraran, vivirían; esa serpiente dormida en el hombre, que esta enroscada cabeza abajo alrededor del árbol de la vida, lo saco del jardín del Señor, pero es quien levantó la Cruz, que se convirtió en el símbolo de Cristo.

El Faraón era un Iniciado de Escorpio, y la serpiente es la energía transmutada de Escorpio, que trabaja elevándose en el individuo regenerado y es llamada la Kundalini. Esta serpiente era la señal de la Iniciación. Esto significaba que la serpiente había sido elevada dentro de él, porque el verdadero Faraón era un sacerdote de Dios, así como un maestro de los hombres. Allí estaba sentado en el trono de altar cubo, indicando su dominio sobre los cuatro elementos de su cuerpo físico, – un juez de los vivos y los muertos, que a pesar de todo su poder y gloria, aún teniendo a su alrededor la grandeza del imperio más grande del mundo, se inclinaba en humilde señal de súplica a la voluntad de los dioses. En sus manos sostiene el cetro triple del Nilo, el Cayado del Pastor, el Cetro de poder con cabeza de Anubis y el Mayal o Látigo. Estos eran los símbolos de su trabajo. Representan los poderes que había dominado. Con el látigo había subyugado a su cuerpo físico, con el cayado del pastor era el guardián y custodio de su cuerpo emocional, con el cetro con cabeza de Anubis era dueño de su mente y digno de ejercer los poderes del gobierno sobre los demás, porque, en primer lugar, obedeció las leyes él mismo.

Con todas sus ropas de estado, con el Escarabajo sobre su pecho, y con el Ojo Que Todo Lo Ve sobre su trono, no había nada tan preciado y sagrado para el antiguo Rey Sacerdote Egipcio como la faja o mandil triangular que era el símbolo su iniciación. El mandil de los antiguos egipcios llevaban consigo el mismo simbolismo que el mandil masónico de hoy en día. Simbolizaba la purificación de los cuerpos, cuando el asiento las emociones inferiores, Escorpio, fue cubierto con piel de oveja blanca de la purificación. Este símbolo de su purificación era la más preciada pertenencia del antiguo Faraón, y esta simple insignia, usada por muchos otros por debajo de su rango y dignidad, pero igual a él en la purificación espiritual, era la más preciosa de todas las cosas para el Rey Sacerdote. Allí sentado, escritos sobre él en palabras del Iniciado, los símbolos de su purificación y maestría, un rey sabio de un pueblo sabio. Y fue a través de estos Reyes Sacerdotes que trabajó la Divinidad, ya que eran de la Orden de Melquisedec. A través de ellos se formó la doctrina que la degeneración no ha podido destruir por completo, lo que conocemos como el derecho divino de los reyes – divino porque a través de la espiritualidad y el crecimiento, Dios podía manifestarse a través de ellos. Ellos eran instrumentos conscientes en manos de un escritor listo, dispuesto y orgulloso de hacer el trabajo de las personas con quienes a través del conocimiento y la verdad se habían sintonizado.

Sin embargo llegó el momento, como en todas las naciones, en que el egoísmo y el egotismo entraron en el corazón del rey y del pueblo por igual, y lentamente la mano de la Gran Hermandad Blanca que alimentaba al antiguo Egipto fue retirada, y los poderes de las tinieblas transformaron la tierra de gloria en ruinas, y los nombres de los poderosos reyes fueron enterrados bajo el olvido de la degeneración. Poderosos cataclismos sacudieron al mundo, y fuera de la tierra de la oscuridad, la Gran Hermandad Blanca llevó al pueblo elegido a la tierra prometida; Egipto, la tierra de gloria, se desintegró en polvo.

Los grandes templos de los Faraones están en ruinas y los templos de Isis no son más que montones de arenisca. Pero ¿Qué paso con los reyes sacerdotes que trabajaban allí en los días de su gloria? Ellos todavía están entre nosotros, los que antes eran líderes lo siguen siendo ahora, si han seguido recorriendo el camino. Aunque su cetro se ha ido, y sus vestiduras sacerdotales se han ensuciado, el Rey Sacerdote todavía camina sobre la tierra con la dignidad, el poder y la simplicidad infantil que antes lo hacía grande. Ya no viste las ropas de su orden. A pesar de que no lleva credenciales, él es tan rey sacerdote ahora como antes, porque todavía lleva la insignia verdadera de su rango. La serpiente enroscada ha dado lugar al conocimiento y al amor. La mano que concedió las riquezas del pasado ahora hace pequeños actos de amabilidad. Aunque ya no lleva los cetros del autodominio, aún manifiesta ese dominio en su vida diaria. Aunque los fuegos del altar en el templo de Karnak han muerto hace tiempo, el verdadero fuego aún arde en su interior, y todavía sigue inclinándose en reverencia como en los días de gloria de Egipto. Aunque el sacerdote ya no es su consejero, y los sabios de su país ya no le ayudan en problemas del gobierno, aún así nunca está solo, porque los sacerdotes de blanco y los consejeros de azul aún marchan con él y le susurran palabras de fortaleza cuando lo necesita.

¿Has visto personas que de alguna manera te agradaban sin importar las apariencias? ¿Has visto a otras personas encantadoras a quienes odiabas a pesar de sus encantos? ¿Has visto personas cultas que eran tontas o impresionaban como tal o personas que sabían poco y sin embargo sentías que eran sabios? Estas son las insignias los rangos, que la pérdida del título o la posición no pueden destruir. Reyes con o sin coronas no fueron títeres vestidos con oropel de mal gusto. Y siguen siendo reyes y lo serán hasta el fin de los tiempos, y todavía manifiestan su rango, no por su superioridad, y su cabeza alzada, sino por las cualidades del alma que irradian de sí mismos. Todavía irradian la pureza de sus vidas desde aquellos que se pusieron el mandil del Iniciado, porque aunque ese mandil triangular con la serpiente dibujada sobre ella desde hace mucho tiempo se deterioró, sigue siendo la contraparte espiritual de ese símbolo la que irradian en sus vidas cotidianas, demostrando fuera toda disputa que eran Reyes Sacerdotes y lo son hoy en día. Los encontramos en todos los ámbitos de la vida – en lugares elevados y abajo en el lodo de la vida. Pero dondequiera que los encontremos, siguen siendo los portavoces de los dioses, y a través de ellos llega la promesa a todos los que se esfuerzan. Ellos son los reyes, no de la tierra sino del cielo, y en la vida de nuestro Maestro encontramos quien se unió a los que servían, y era un verdadero Rey incluso cuando su única corona era una corona de espinas.

Todavía continúan las iniciaciones en la pirámide de Gizah, y el Iniciado sigue recibiendo la insignia de su rango. Antes de que el Fuego arda en su interior, él hace sus votos, y sobre el altar de su ser superior, pone su corona y su cetro, su ropa y sus diamantes, sus odios y sus miedos, santifica su vida como un Rey Sacerdote, y jura servir a nadie más que a su Ser Superior, el dios interior. Sus ropas son su cuerpo, su corona es su vida, y en las calles de la vida está su trono. Las torres sombrías y las chimeneas de las fábricas a su alrededor se desvanecen en los pilares del templo de Luxor, y con una fiambrera en su brazo, su cara marrón por la suciedad, él es tan rey como cuando la corona del doble Nilo se posó sobre su frente y el sacerdote del templo lo convirtió en Uno con su Dios y su prójimo.





Extracto de la obra “Los Iniciados de la Llama”

 

2 Responses to El Iniciado Egipcio (Manly Palmer Hall)

  1. Carlos Arturo 12 septiembre, 2017 at 1:48 pm #

    Lamentable esa voz, con ese “cantadito” se escucha quizá muy claro, pero en si no es agradable escuchar esa voz, hay otras mejores que son neutras y no dan esa sensación extraña de esta, inmediatamente detuve el audio. De todas formas gracias por sus esfuerzos, es mejor leer en forma digital o en papel impreso.

    • administrador 13 septiembre, 2017 at 12:52 pm #

      Muchas gracias, Carlos. No hemos encontrado mejores voces, por eso hemos elegido esta. Si quieres colaborar, puedes grabar con tu voz uno de los artículos. ¿Te animas?

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